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lunes, 19 de enero de 2026

El encuentro de las ocho

 El encuentro de las ocho

Me siento medio dormida, me lo meto en la boca. No me espabila nada, hasta me quedo más sopa.

Siento que se ha salido, lo vuelvo a introducir. Lo agarro con firmeza, que no se vuelva a salir.

Lo muevo a todos lados, le doy arriba y abajo. Como le doy tan fuerte, me hace un daño del carajo.

Me asombro al sacarlo: ¡deja pelos en mi boca! Pienso que no estoy despierta o me estoy volviendo loca.

Parece que me habla, diciendo: "pero qué mema, para meterme en la boca, tienes que darme una crema".

Tras untarle la pasta, eso empieza a gustarme. Al paladear su sabor, logro al fin desperezarme.

Su gusto es exquisito, me llega a emocionar. ¡Tanto nervio pongo en ello, que me ha hecho hasta sangrar!

Lo miro detenidamente y me pongo a pensar: "Este cepillo de dientes... ¡Lo tengo que cambiar!".

Aclaro mis pensamientos, mientras me enjuago la cara: ¡No se puede estar tan tonto con la luz de la mañana!



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