Esa tragedia de amor, de la que suele decir: «Si algún día me faltas, preferiría morir».
Llegó la desgracia, del todo inesperada: al cruzar la calle, ella fue atropellada.
Él se siente culpable, pues le estaba hablando; perdió la conciencia mientras iba cruzando.
Su vida es tiniebla buscando una luz; le erige una tumba, estatua y una cruz.
La visita de noche, no puede descansar; se castiga con saña y no para de rezar.
Una noche sombría, de frío y de terror, cree ver a su amada reclamando su amor.
Se vuelve un gigante de fuerza desatada; destroza el sepulcro por unirse a su amada.
Su locura es total, en el caos provocado: la cruz cae en su frente y lo deja acabado.
Es el trágico fin de tanta obsesión: por culpa del móvil y de una conversación.
Yace el amor en el suelo, bajo el peso del olvido; que por mirar una pantalla, dos vidas se han perdido.

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