Una especie en extinción, prácticamente perdida, es la del "viejo verde", casi desaparecida.
Antes se veían varios, muy atentos espiando; al ver pasar una moza, se divertían silbando.
Le lanzaban mil piropos, novedosos o anticuados, de colores diferentes: rojos, verdes y morados.
Ella no les hacía caso y seguía caminando; pensaba que el pobre viejo ya estaba solo chocheando.
Algo que antes era gratis y alegraba la vista, hoy ya no se puede hacer: te llaman viejo machista.
Ahora se ven sentados, con tristeza y desconsuelo, con la boca bien cerrada y la vista puesta en el suelo.
Cuál flor faltas de agua, se van todos marchitando; con garrota y encogidos, su verdor se va agotando.
No queda más que aguantar y armarse de paciencia: el viejo verde termina claudicando en la residencia.
Se acabó aquel viejo verde, de palabra y de osadía; hoy solo queda el silencio de una triste guardería.

No hay comentarios:
Publicar un comentario