Solicitar una cita puede ser una aventura; enfermar de los nervios hasta coger calentura.
Pedirla por internet sin saber qué va a salir, imposible es adivinar lo que está por ocurrir.
Con solo teclear "citas" se empiezan a acumular cien páginas de adultos que no se pueden quitar.
Allí, dale que te pego, te tiras más de una hora; sale que si necesitas enfermera o doctora.
Tras pensarlo detenidamente, solicitas la doctora; te informa de su tarifa: ¡quinientos euros la hora!
Cambias a la enfermera, una gestión más sencilla, y sale un tipo desnudo mostrando la jeringuilla.
Ya tienes un lío padre y te queda una certeza: que el dolor de la tripa se te subió a la cabeza.
Ante tanto desenfreno piensas que algo va mal: ¡qué mucho que ha cambiado la Seguridad Social!
Al final apagas todo, con un susto de muerte, pues para ver al médico... ¡Hay que tener mucha suerte!

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