Aquellos Botellones
El botellón en mis tiempos era todo un derroche: se hacía a media tarde, no se salía de noche.
Llegar sereno a casa... Si notaban unos traspiés, podías recibir una torta que te ponía del revés.
Sin recibir una paga, andabas siempre a dos velas; difícil emborracharse sin disponer de una pela.
Sustrayendo alguna perra solo se podía comprar una simple gaseosa, y para ya de contar.
Para diez, una de litro, con una paja chupando; no más de dos chupinazos, los cuales se iban contando.
Las chicas no participaban en aquellas reuniones; eso era impensable ante tales "depravaciones".
Hubo una vez una fiesta que ya se salió del tiesto: gaseosa, vino y galletas... ¡Fue de alto presupuesto!
Ahora es muy diferente, forman un gran revuelo; terminan al día siguiente, todos "pedos" por el suelo.
Para no adquirir vicios, nos decían las abuelas: «Mejor es que pases hambre, que andes siempre a dos velas».
Cambiaron vasos por litros, la tarde por la mañana, ¡quién pillará una gaseosa de aquellas con tanta gana!

No hay comentarios:
Publicar un comentario