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lunes, 19 de enero de 2026

El pueblo que se nos fue

 El pueblo que se nos fue

¡Cuánto ha cambiado el pueblo! Desde sus caminos de tierra, sus tejados de pizarra, sus casas de barro y piedra.

La cocina, siempre con humo, los chorizos allí colgando, soltando toda la pringue mientras se iban curando.

El campo estaba sembrado, hoy está hecho una mierda: sin burros, vacas ni ovejas, lleno de malas hierbas.

En la era se trillaba, se cuidaba con esmero; si el topo lo destrozaba, se tapaba el agujero.

Los prados hoy están tristes, los manantiales se secaron; ya no quedan saltamontes, los pájaros emigraron.

El cura no dice misa, la gente ya no reza; unos perdieron la fe, a otros les da pereza.

Los bailes en la calle se dejan de celebrar; ya nadie busca un rincón donde poderse arrimar.

Años lleva sin escuela, la cigüeña es la culpable: sin juventud en el pueblo, no trae niños a nadie.

Muy pocos quedan ya vivos que lo sigan recordando: con pan, con vino y tocino, eran los reyes del mambo.

Todo está muy cambiado, pero le falta alegría; esa alegría constante que da la chiquillería.

Se apagan las chimeneas, el silencio es el que manda; solo queda la memoria de aquella vida tan sana.

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