¡Me equivoqué de entierro!
Su marido se murió, y lo piensa celebrar, en cuanto acabe el entierro, se piensa ir a emborrachar.
Siempre fue un gran cabrón cometiendo mil maldades, pero al llegar el entierro, resaltan sus bondades.
El cura suelta el sermón, cosas del cristianismo: "ningún muerto fue malo", a todos dicen lo mismo.
"Fue un perfecto cristiano, cumplió los mandamientos, tenía un gran corazón y nobles sentimientos".
"Era el padre perfecto, un marido ejemplar, amó siempre a todo el mundo, desde el principio al final".
La viuda al oír aquello, siente que estalla su ira, no lo puede soportar, se da la vuelta y se pira.
"¡María, no te escabullas! que no terminó la cosa, aún queda rezar un poco y dejarlo en la fosa".
"Ese no era mi marido, era un cabrón y un perro; por lo que usted está contando... ¡me equivoqué de entierro!
Si ese es un hombre tan bueno, que lo llore su familia, yo me voy a la otra caja a brindar con alegría".
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