—Me da mucho gusto verte, mi buen amigo Bartolo. Dime si ya te has casado, o sigues viviendo solo.
—Sigo con la soltería, sin prisas voy buscando. Alguna rosca me como, al menos de vez en cuando.
Ahora para casarse, no hay muy buen ambiente. No encuentro lo que yo quiero, pues ya sabes que soy exigente.
Que sea buena en la cama, que sepa bien cocinar, que sea limpia en la casa, y que le guste planchar.
—Sí que eres exigente, creo que no estás al día. Si tiene esas cualidades, estará comprometida.
—Si no la encuentro de plano, no me voy a molestar. Cada día iré con una, y así puedo hasta cambiar.
No te preocupes por mí, que ya encontraré a esa chica. Alguna despistada habrá, que sea tonta y sea rica.
—¡Dices que tonta y qué rica! Estás chalado, mi amigo. —Es que, si no fuera así... ¡No me querría por marido!
—Si buscas tal maravilla, te vas a quedar plantado, que las tontas y las ricas... ¡Ya tienen el pez pescado!

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