Un marido pesado le recuerda a diario: «¿Qué obsequio piensas darme en nuestro aniversario?».
—No me atosigues más, que lo tengo que pensar; una cosa que te agrade y yo pueda descansar.
Llega el día señalado, le desvela el misterio: —Te acabo de comprar un nicho en el cementerio.
—¡Qué regalo tan macabro! No esperaba eso de ti. Noto que me quieres poco y quieres librarte de mí.
—Te quiero mucho, cariño, eres un mal pensado; quiero tenerte muy cerca, y el camposanto está al lado.
—Morirás antes que yo; así, de vez en cuando, puedo visitar tu tumba y saber dónde estás descansando.
Llega el cincuenta y uno, él vuelve a preguntar: —¿Amorcito, este año qué me piensas regalar?
—¡Una mierda como un piano te acabo de encargar! Ya que el del año pasado lo tienes sin estrenar.

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