Tiempos de Mari castaña
Tiempos de Mari castaña, donde nada tenía prisa, el cura montaba en burro para ir a decir la misa.
Cinco pueblos a su cargo, ¡aquello sí que era curro! Sin dinero para un coche, dependía de su burro.
Un día lo amarró mal (descuido atroz en un cura), y el animal se escapó a vivir una aventura.
En libertad absoluta despertó el bicho su instinto, y montaba a todo aquel que hallaba por el recinto.
Unos dicen que diez burras, otros juran que hasta veinte; la gente siempre exagera, todos sabemos que mienten.
Hasta la pobre María, que al huerto salió a mear, dijo que saltó la valla y la quiso violentar.
Aquello fue exagerado y casi todo mentira: solo había cinco burras... ¡Contando con la María!
Hicieron falta diez hombres para lograr su captura, reducirlo con dos sogas y acabar con la aventura.
Tras aquel festín de amor, el burro seguía con ganas; tenía el badajo listo para tocar las campanas.
Revolucionó a la aldea, aquello fue una locura, y todos fueron a misa a ver qué decía el cura.
Pero aquel día el sermón no estuvo muy acertado: reprochó a la parroquia lo que el burro había montado.
"Copiar lo que hace una bestia es un pecado mortal; él no irá nunca al infierno porque es solo un animal".
"Lo que vosotros debéis, para no llegar a pecar, es hacer siempre el amor solo para procrear".
La parroquia se levanta y se escucha este murmullo: "Hoy se pasó con el vino... ¡Mejor hacer caso al burro!".

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