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viernes, 16 de enero de 2026

La factura y la penumbra

Estas subidas de luz me resultan una locura; no enciendo ni una bombilla, ¡prefiero mear a oscuras!

A tientas me levanté, las paredes iba palpando; la gota quería salir, pero yo seguí aguantando.

Entre tanta oscuridad andaba desorientado, no encontraba bien el baño y me iba para otro lado.

Al llegar a la cocina decidí darme la vuelta, tropecé con la banqueta y choqué contra la puerta.

Atontado por el golpe caí frito en el pasillo; para colmo de mi suerte, di de frente en el bordillo.

Al fin di con el lavabo y, para no mear fuera, apunté al hueco más grande: ¡meé en toda la bañera!

De regreso al dormitorio tropecé con la mesilla, me di con el cabecero y me partí la barbilla.

Ya no salgo de la cama, me he buscado un artificio: ato el pito a una manguera ¡que me llega hasta el servicio!

Estas subidas de luz, con pensiones reducidas, son el caldo de cultivo que provoca mil caídas.

Mejor estaba en el pueblo, donde no había bombillas y al levantarme a mear... ¡Encendía unas cerillas!


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