josegelado.blogspot.com

martes, 13 de enero de 2026

La Piruleta y la Farola.


El matrimonio es difícil, más ponerse de acuerdo. Si Antonio dice que es blanco, María dice que es negro.

Si el marido nunca cede, ella le manda a la calle: —Tú no tienes la razón, ¡lo mejor es que te calles!

Antonio sale a la acera y se pone a deambular; hace un frío que pelaba y se refugia en el bar.

Empieza tomando copas, el hombre no se da cuenta: si regresa muy borracho, la tendrá con la parienta.

Pilló tal "mona" o castaña que casi no puede andar, y por si esto fuera poco, le dan ganas de mear.

Abrazado a una farola, se saca la piruleta; forma un enorme charco que llega hasta la cuneta.

Una mujer que volvía a esa hora de trabajar, la pobre pisa el reguero y se empieza a resbalar.

Resbalando, resbalando, se va hacia la cuneta, y al pasar cerca de Antonio... ¡Le agarra la piruleta!

—¡No seas tan impetuosa, que me la vas a arrancar! Piensa que la necesito, al menos para mear.

El hombre pide perdón por caer en su meada; la mujer le perdonó... ¡Pero la tiene agarrada!

—Vivo muy cerca de aquí, me debes acompañar; en el estado en que estamos, nos tenemos que duchar.

Se ducharon los dos juntos, ¿qué más podría pasar? ¿Lo normal en estos casos? Se pusieron a "rezar".

Se siente feliz con ella por lo bien que le atendía; no regresó más a casa, se olvidó de la María.

Pasan las noches durmiendo, pasan los días rezando... y el tiempo que les sobra... en lo que tú estás pensando.


No hay comentarios:

Publicar un comentario