El Tesoro del Lavadero
Montando guardia en el río, rondando por el lavadero, buscando algún dormitorio o el más pequeño agujero.
Vestían con tanta ropa, no enseñaban ni el tobillo, y no dejaban que viera ni el pelo del sobaquillo.
Cierta tarde, una mozuela yo me puse a vigilar; se acercaba al lavadero sin ropa para lavar.
Como ya estaba oscureciendo, me pareció muy extraño; pensé: «cabe la sospecha de que quiera darse un baño».
Miró, bien a su derecha, vio que nadie se acercaba, se despojó de su ropa... ¡Y no llevaba ni bragas!
Tras un matojo de negrillos, allí me quedé mirando; sabía que estaba mal, pero seguía espiando.
De tanto darle a la mente, la razón quedó maltrecha; pequé con el pensamiento... y con la mano derecha.
Ver ese cuerpo desnudo fue para mí todo un drama: sin saber cómo ocurrió, soñando mojé la cama.
Pasaron ya muchos años, de aquel río y el pecado; pero aún veo a la moza, cuando duermo descuidado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario