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domingo, 18 de enero de 2026

El Tesoro del Lavadero

El Tesoro del Lavadero

Montando guardia en el río, rondando por el lavadero, buscando algún dormitorio o el más pequeño agujero.

Vestían con tanta ropa, no enseñaban ni el tobillo, y no dejaban que viera ni el pelo del sobaquillo.

Cierta tarde, una mozuela yo me puse a vigilar; se acercaba al lavadero sin ropa para lavar.

Como ya estaba oscureciendo, me pareció muy extraño; pensé: «cabe la sospecha de que quiera darse un baño».

Miró, bien a su derecha, vio que nadie se acercaba, se despojó de su ropa... ¡Y no llevaba ni bragas!

Tras un matojo de negrillos, allí me quedé mirando; sabía que estaba mal, pero seguía espiando.

De tanto darle a la mente, la razón quedó maltrecha; pequé con el pensamiento... y con la mano derecha.

Ver ese cuerpo desnudo fue para mí todo un drama: sin saber cómo ocurrió, soñando mojé la cama.

Pasaron ya muchos años, de aquel río y el pecado; pero aún veo a la moza, cuando duermo descuidado.

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