Agua amarga en la fuente
El pueblo no tenía luz, ni tampoco agua corriente; la moza, al atardecer, iba por ella a la fuente.
Allí la espera su mozo, aprovechan la ocasión para apagar cierto fuego tras un fuerte sofocón.
Con el tiempo muy medido, y tras hacerlo una vez, los dos quedan encendidos, tienen que apagar la sed.
El mozo coge el cántaro, bebe un trago apresurado; su cara se pone roja, cae al suelo desplomado.
La moza sale corriendo, entre gritos y llorando, pide ayuda a los vecinos: ¡el mozo se está ahogando!
Llega corriendo la gente, él está ya "medio frito", los pantalones bajados... ¡Y muy tieso el pajarito!
«Este tío no está muerto, es duro como una roca, se puede recuperar haciéndole el boca a boca».
Unos aprietan su pecho, ella soplando y chupando... ¡Cuando retira su boca, sale una rana saltando!
Casi se va al otro barrio, por un descuido temprano; por coger agua de noche... ¡Y no vigilar el rano!
El mozo ya no va al caño, ni se baja los calzones, que ahora el pueblo le canta la copla de los ramones.

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