En pleno día de invierno, con nieve por el barrio, a dos mujeres hablando les oí un comentario.
Marché corriendo a casa, pues hacía mucho frío; tenía que sacar al perro y pasear al marido.
Con el perro me caliento,
me enfrío con el marido,
que ya no vale por nada,
anda medio "chuchurrio".
Los tres en plena armonía se fueron a pasear, pero al pobre del esposo le dieron ganas de mear.
Como está mal de la próstata, poco pudo aguantar, le daban fuertes dolores y necesitaba orinar.
Sacó fuera la piruleta tras un arbusto escondido, disimulando la cosa para mear con sentido.
Se enfrió la piruleta antes de haber terminado; quedó como un churro tieso que cuelga de un tejado.
La mujer, al ver aquello, tuvo pronto una idea: empezó a soplar el churro, ¡a ver si lo descongela!
Allí sopla que te sopla, y no para de soplar... por más que sople esa gaita, nunca volverá a sonar.
Moraleja de esta historia: si el invierno es muy crudo, mejor quédate en casa y no saques el "canudo".

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