Apareció una moza mientras yo descansaba, tras una dura siega que el lomo me doblaba.
Se acercó lentamente, quedé yo embelesado; era la flor más bella que nunca había soñado.
Cubierta en una túnica de telas transparentes, ¿vendría de otro mundo o acaso de Oriente?
De pechos generosos, caderas abundantes; era una moza firme, de las que gustaban antes.
Tiró la tela al suelo, se quedó allí desnuda; hice cama de hierba sin rastro de una duda.
Tras el duro trabajo lo creí merecido, pero al decir "estoy listo", se había desvanecido.
Mirando a todos lados, quedé desconcertado; más solo que la una, sin nadie a mi costado.
Di vueltas y más vueltas como burro en la noria; por más que me empeñaba, no hubo "zanahoria".
El sol de la tarde bañaba mi figura, llevé la mano al frente: ardía de calentura.
La bota estaba seca, ni un bocado al costado; por empinar el codo... ¡Ese fue el resultado!

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