La historia es verdadera: una vieja prostituta, estando ya retirada, me contó sus aventuras de una vida ajetreada.
Siendo joven fue criada, se enredó con el señor; desde entonces su destino fue de mal a mucho peor.
Fue un capricho del rico, de los tantos que tenía; cuando él se cansó de ella, fue al punto despedida.
Se casó sin amor alguno, buscando una solución; persistió su mala suerte: su marido era un cabrón.
Él no le daba dinero, ni para el pan del hogar; hacía las veces de chulo y ella lo fue a buscar.
No lograba quedar encinta, le sobraba algún vicio; no le quedó más remedio que entregarse al oficio.
Abandonó a aquel marido y se marchó de Madrid; recaló allá en Tetuán, donde al fin se hizo feliz.
Sus clientes, legionarios, hombres fuertes y aguerridos; ella siempre presumía: "¡Todos fueron mis maridos!".
Al morir aquel esposo, encontró por fin la vía de regresar a Madrid y seguir su "artesanía".
Cascabeles en las ligas para avisar al cliente que ya estaba el campo libre y que pasara el siguiente.
Ya vieja y sin un dinero, casi nadie la escuchaba; yo seguía siendo su amigo, su historia me interesaba.
Tuvo un final de tristeza, murió sola y despreciada; sin familia y sin afectos, murió muy abandonada.
Yo era entonces muy joven, ella pudo ser mi abuela; con todo lo que contó, bien se escribe una novela.

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