Eran tiempos antiguos, ya pasados de moda, donde todo se estrenaba en la noche de la boda.
La novia, una pardilla, estaba muy asustada; nada sabía del asunto al estar mal informada.
Por eso le dice al novio: —Me tengo que preparar, entra cuando te avise, que me voy a desnudar.
Cuando ya está desnuda, le viene a la memoria: no sabe las dimensiones que tiene la "zanahoria".
Echa la llave a la puerta, la cual tiene una mirilla; es un simple agujero que le viene de maravilla.
Al querer entrar el novio, ella le dice con miedo: —Para saber cómo es, ¡enchúfala en el agujero!
El novio la metió floja, ella la empezó a tocar; aquello engordó tanto, que no la pudo sacar.
La mujer, al ver aquello, no se lo puede creer, escapó por la ventana desnuda a todo correr.
Él quedó toda la noche atrapado en la mirilla; aunque estuviera pillado, ¡la pasó de maravilla!
La novia se arrepintió, él le otorgó el perdón, y ahora se acuesta siempre... ¡Sin bragas ni camisón!

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