La Partera de la Aldea
Obtuvo por correo, su título de partera. En una aldea olvidada, ella era la primera.
Eran tiempos sin cesáreas, sin ciencia ni medicina; ensayó sus habilidades cuando paría la gorrina.
Es una noche muy cerrada, el pueblo no tiene luz. La vecina, primeriza, está por dar a luz.
El marido está borracho, de la noche a la mañana. Para estorbar en el parto, se ha quedado en la misma cama.
Un debut muy complicado, una experiencia muy dura; todo lo hace a tientas, la madre poco ayuda.
Buscando entre las piernas algo empieza a asomar. Para animarlo a salir, lo empieza a acariciar.
El cuello estira y estira, los hombros sin aparecer. Siente de pronto un espasmo, y el niño se vuelve a esconder.
Experiencia negativa, la mujer sigue gritando, y el marido, relajado, se queda en la cama roncando.
Tuvo muy mala suerte en aquella vez primera. Viendo lo que tarda el niño, ya no quiere ser partera.
Se pasó a veterinaria, era menos complicado: la hembra pare solita, sin un macho a su lado.
Prefiere tratar con vacas, o con yeguas en el prado, que al menos no tienen suegras, ni un marido emborrachado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario