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domingo, 18 de enero de 2026

La Partera de la Aldea

La Partera de la  Aldea

Obtuvo por correo, su título de partera. En una aldea olvidada, ella era la primera.

Eran tiempos sin cesáreas, sin ciencia ni medicina; ensayó sus habilidades cuando paría la gorrina.

Es una noche muy cerrada, el pueblo no tiene luz. La vecina, primeriza, está por dar a luz.

El marido está borracho, de la noche a la mañana. Para estorbar en el parto, se ha quedado en la misma cama.

Un debut muy complicado, una experiencia muy dura; todo lo hace a tientas, la madre poco ayuda.

Buscando entre las piernas algo empieza a asomar. Para animarlo a salir, lo empieza a acariciar.

El cuello estira y estira, los hombros sin aparecer. Siente de pronto un espasmo, y el niño se vuelve a esconder.

Experiencia negativa, la mujer sigue gritando, y el marido, relajado, se queda en la cama roncando.

Tuvo muy mala suerte en aquella vez primera. Viendo lo que tarda el niño, ya no quiere ser partera.

Se pasó a veterinaria, era menos complicado: la hembra pare solita, sin un macho a su lado.

Prefiere tratar con vacas, o con yeguas en el prado, que al menos no tienen suegras, ni un marido emborrachado.



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