La indecisión del baile
Allá por los sesenta, era difícil ligar. Cuatro jóvenes pidieron que las llevara a bailar.
Una extraña petición, no me lo podía creer: ¡tener tanto material donde poder escoger!
A tres dejaría libres, con una me bastaría. Las miraba y remiraba, pero no me decidía.
Juana estaba muy gordita, eso hizo descartarla. Quizás me costara mucho el poder rodearla.
María era muy finita, de curvas ella carecía. Como no quería rectas, también la descartaría.
La Antonia era tan bajita que me podría pasar: para tenerla a mi altura, me tendría que agachar.
Y la Pilar era alta; al estar yo a su lado y mirar hacia arriba, me sentí acomplejado.
Entramos, pues, al baile sin decidir por ninguna, y al poquito me quedé más solito que la una.
Aquello bien me enseñó que tanto pensar atonta: hay que elegir al momento, sea fea, guapa o tonta.
Así terminó la historia de aquel joven tan "exquisito", que por mirar los defectos se quedó solo y frito. ¡Moraleja: si te invitan, di que sí... y rapidito!
Es

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