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sábado, 17 de enero de 2026

La viuda liberada

 

La viuda liberada

La María está que trina, con el ánimo decaído. Le están dando el tostón por la muerte del marido.

Disimula su alegría, no le queda otro remedio; muestra cara de tristeza camino del cementerio.

Le van dando el pésame y ella se va preguntando: «Vaya coñazo de gente, ya se podían ir largando».

Repiten todos el rito de lo bueno que él ha sido, y la suerte que tuvo ella de que fuera su marido.

Todos siguen el guion, ninguno recapacita: una cosa es convivir y otra, verlo de visita.

La verdad, era un tirano, un celoso, un egoísta; lo que hoy todos critican como un hombre machista.

No la dejaba pintarse ni ir a la peluquería; decía que no hacía bien el amor... ni la comida.

Ahora que ya se ve libre no piensa en el casorio; espera a un viudo joven que la trate como un novio.

Esto de quedarse viuda es de esas ocasiones para unirse con otro viudo... ¡y juntar las pensiones!

Ya se marchó el carcelero, ya se acabó la agonía; ¡que ahora el muerto va al hoyo y al bolsillo la alegría!

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