Pasados los tres meses, la mujer pasó a mejor vida. El viudo quería marcha: se buscó una querida.
Se casó con la moza, ambiciosa y presumida. Ella, al ver aquel cuadro, se quedó muy sorprendida.
«¡Madre mía, qué de joyas! ¡Qué collares, qué tesoro! Dime, maridito mío: ¿Dónde guardas tanto oro?».
Él jura por "tos" los santos: «En la casa no hay un duro». Ella mira el retrato y dice: «¡Tú me engañas, te lo juro!».
Él, en la noche de bodas, oyó un "clic" en la madera. La mujer estaba loca: revolvió la casa entera.
Empezó por el armario, después levantó el parqué; arrancó los azulejos, hasta picó la pared.
El marido, desesperado, se tiraba de los pelos, mientras la difunta del cuadro se reía desde el cielo.
Así se cargó la casa, todo lo llenó de escombro. La nueva sigue picando con el pico sobre el hombro.
MORALEJA: Si te quedas viudo, ya puedes ver lo que pasa, búscate una querida y no la metas en casa.

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