Con una vieja "madama", la amistad era discreta, pero muy interesante por ser ella una alcahueta.
Se dedicaba al apaño, encuentros a comisión, con todas sus conocidas y con mucha discreción.
La cita era sorprendente, estaba ya apalabrada, rodeada de misterio: ¿sería soltera o casada?
Con el servicio pagado y la hora concertada, la "tía", en bolas con bata, se encontraba preparada.
Uno se ponía a cien, era una aventura loca; podía ser joven o vieja, o gorda como una foca.
Alguna vez salía bien, otras salía torcido, o se quedaba a medias por si llegaba el marido.
Todo era puro misterio cargado de intensas dudas; si te pillaba el esposo, ¡te daba una tunda de aúpas!*
Mucha emoción y suspense, era una aventura fina: ¡no hacía falta ir al gimnasio para quemar adrenalina!
No hay comentarios:
Publicar un comentario