Me pones hasta nervioso al no tomarte una pausa; dices que estás "calentita", ¡maldita sea la menopausia!
Déjalo de una vez en paz, que me estás hasta estresando, lo pasas de mano en mano, siempre lo estás meneando.
A veces, hasta encogido, te lo llevas a la boca; no puedes pasar sin él, ¡estás un poquito loca!
Cuando lo tienes abierto lo mueves con mala leche; si el pobre no da más de sí, ¡qué aire quieres que eche!
Lo tuyo ya es obsesión, el no dejarlo de usar, dices que te dan mareos y no puedes respirar.
Te llevaré hasta Siberia a que refresques un poquito, y se te quite la manía... ¡De usar tanto el abanico!
Si uso tanto el abanico, tienes que tener en cuenta, Que tú
ya no das frío, ni tampoco me calientas.



































