El Taxi y la Camarera
Yo trabajaba en el taxi de la noche a la mañana. Ella era camarera en una barra americana.
Me encapriché de la chica, la tía estaba cañón. Yo quería dispararle en la primera ocasión.
Al trabajar por la noche, ya se sabe lo que pasa: al salir de su jornada, la llevaba hasta su casa.
Me tenía por buen chico, yo no podía creerlo. Quería meterle mano, mas no sabía cómo hacerlo.
Una noche salió alegre, me llamó "mi guapetón". Me dio un beso y un abrazo, ¡era la gran ocasión!
Cerca de su domicilio, busqué un lugar apartado. Era el momento perfecto, me iba a poner morado.
El bombón se abraza a mí, con buena disposición. Me temblaban las piernas al empezar la función.
Por abrazarla tan fuerte y con tanto nerviosismo, se le revolvió el cuerpo... ¡Soltó la pota allí mismo!
Ahí murió la pasión, se terminó la faena. La ayudé a subir a casa, los dos hechos una pena.
Tanto esperar el momento para no aprovecharlo... y el taxi oliendo a whisky, tuve que ir a lavarlo.
Dejé el oficio del taxi y se acabó nuestra historia. Han pasado muchos años, pero sigue en mi memoria.
Hoy cuento esta batalla ya como un padre ejemplar, ¡menos mal que aquel aroma se pudo por fin quitar!

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