La Capa del Cura
En tiempos de Mari Castaña, vestían los hombres de pana, sayas largas, las mujeres, el cura, capa y sotana.
Iban llenos de remiendos, ¡aquello era una locura! Pobres de solemnidad, y entre ellos, también el cura.
Su capa cae a pedazos, está llena de jirones; no la sabe remendar, solo dar buenos sermones.
El cepillo de la iglesia no le saca del apuro; pobres son sus feligreses, no recauda ni un duro.
Al alcalde pide auxilio, convocan una reunión; con todo el pueblo delante, les da esta explicación:
—"El cura tiene un apuro de solución inmediata: se le cae la ropa a trozos y necesita una capa".
Las mujeres se marcharon, demostrando mucha cara; no soltaban ni una perra para que el cura se tapara.
Pero los hombres cedieron, ¡aquello fue una locura! Y a escote pagaron todos la capa nueva del cura.
Más al verle tan gallardo, ¡se vuelven a cabrear! Pensaban que aquel dinero... ¡Era para irse a capar!
Y así termina la historia de aquel pueblo y su locura, que por no entender de telas... ¡Dejó "sin capar" al buen cura!

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