Juan "El Planta Pinos"
No desestimen la historia, no es ninguna invención; esto ocurrió en el pueblo en más de una ocasión.
Le rechazó una moza, desestimó su oferta, y él, herido en su orgullo, plantó un pino en su puerta.
La venganza era guarra, quizá un tanto mezquina. ¡Qué placer marcar la casa y limpiarse en la cortina!
Las primeras veces bien: culpaban siempre al perro, mas de tanto plantar pinos ficharon al gamberro.
Al padre le sienta mal, vigila de noche y día; con un tiro en el trasero le quitará la manía.
Carga el cartucho con sal, en la sombra vigilando; le da el tiro en las nalgas cuando estaba allí cagando.
Era una noche oscura, el mozo salió pitando, pantalones por los suelos y con el culo sangrando.
Sospechan de un vecino, no lo pueden confirmar; pero hay un mozo en el pueblo que no se puede sentar.
El padre lo investigó, quería ver su trasero. El mozo le contestó: —"Solo tengo un agujero".
Aquel mozo se marchó en busca de otro destino, pero en el pueblo quedó como "Juan, el planta pinos".
La incógnita se mantiene, nadie asegura que fue; solo se sabe de él... ¡que siempre caga de pie!
Se difundió la noticia de venganza tan cañera: volaron los pretendientes, su hija quedó soltera.
Aún hoy cuentan los viejos, al calor de algún buen vino, que no hay rencor más tenaz que el de Juan "el planta pinos".

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