El Cocido de la Discordia
En una edad ya avanzada, le dice la mujer al marido: —¿Qué te pongo hoy de comer? ¡Pero no me pidas cocido!
—Sabes bien que a mí me gusta, que es comida muy variada. —Tú solo comes un huevo con un poco de ensalada.
Hacerlo es muy trabajoso y además, resulta aburrido. Solo con mirarte a la cara, se me atraganta el cocido.
—Vaya una excusa más tonta, ¡mi madre siempre lo hizo! Dime por qué no lo quieres, si a ti te gusta el chorizo.
—No te lo voy a hacer, no me toques los... botones. Para que al fin te enteres, estas son mis razones:
Eres un gorrino gordo y estás bastante viejo, tienes muy duro el pellejo y hay que rasurar tus pelos.
Los tienes como garbanzos, ya no puedo ni usarlos; ni una semana en remojo lograría yo ablandarlos.
Tu chorizo ya no vale, está seco y encogido; ni una semana en la olla daría sabor al cocido.
Hay muchas razones más que no quiero enumerar... ¡Así que come verdura, a ver si logras adelgazar!

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