La llegada hacia mi pueblo, era un camino de carros. A veces con mucho polvo, y otras con mucho barro.
A mitad del recorrido, lo cruzaba una corriente. Con cuatro piedras en medio, así cruzaba la gente.
Vi llegar a la maestra, y empecé a imaginar: ¡Con la falda tan estrecha! ¿Cómo lo podrá cruzar?
Observé los alrededores, y miré sus pantorrillas. Se había subido la falda, por encima de las rodillas.
Estando a mitad del charco, a mí se me fue el "tarro". Empecé a tirarle piedras, para llenarla de barro.
Quieta encima de una piedra, me sentí muy emocionado. Fue mi pequeña venganza, por haberme castigado.
Fácil era esconderse, entre el bosque y la maleza. Rápido escapé de allí, con soltura y con presteza.
Hizo mil investigaciones, y además cogió un catarro. Pero nunca descubrió, quién la puso así de barro.
Travesuras que recuerdo, y de las que me arrepiento. Ella era buena persona, y hoy su castigo lamento.

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