Cuestión de puntería
Dos días de separación, el marido y la mujer; él le pregunta enseguida: —¿Cariño, qué hiciste ayer?
—Me aburrí más que una ostra, ya no sabía qué hacer; me tiré más de una hora y no lo logré meter.
—Sería que estabas nerviosa, perderías la paciencia; llevas años haciéndolo, no te falta la experiencia.
—A veces no lo recuerdo y confundo lo primero; se pone a temblar el pulso, no acierto en el agujero.
—Para meterlo mejor, lo primero es chuparlo; así se pone más tieso, ¡tú procura recordarlo!
Le das unos lengüetazos, le retuerces la punta, procura guiñar un ojo, media vuelta... y apuntas.
Si no entra a la primera, olvida pronto el asunto: lo lames una vez más y le encontrarás el punto.
—Das consejos sin saber, pareces una "Maruja"; ¡la próxima vez vienes tú y metes el hilo en la aguja!

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