La abandonó un camionero al borde de la carretera; formó un gran espectáculo en su edad de quinceañera.
Se difundió la noticia, causó un gran alboroto; todos queríamos verla, corrimos más que una moto.
La tía hacía de todo: por solo cinco pesetas, tres por tocarle el culo, dos por mostrar una teta.
El revuelo fue tremendo, una cosa de locura; se enteró todo el pueblo, los civiles y hasta el cura.
Una panda de mirones, todos sin una peseta; no le salió ni un cliente, nos mandó a hacer puñetas.
Nadie abandonó el lugar, solo se cerró el anillo; no le quedó más remedio, tuvo que pedir auxilio.
Se presentan los civiles, quedamos muy asustados; más de uno llevó un palo al quedarse rezagado.
Lo más singular del caso en tan extraña ocasión: ¡fue que el hijo de un guardia llamó a su padre cabrón!
Al rato nos reunimos en la plaza del lugar; la diversión fue tremenda, un domingo sin igual.

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