Pan negro y manos de campo
Es un recuerdo a mis padres, que cultivaban el campo. Comiendo siempre pan negro, no conocieron el blanco.
Pienso que vale también, para la inmensa mayoría; esa que vive del campo, de la caza y de la cría.
Si la cosecha era buena, se celebraba un fiestón; si venía un año malo, reinaba la resignación.
Su vida era muy sencilla, de contadas emociones. Se comían el tocino y vendían los jamones.
Lo mejor de aquella vida: no vivían estresados. Trabajaban para ellos sin estar asegurados.
No disponer de dinero tampoco era un problema. Ellos cantan y ellos bailan si tienen la tripa llena.
Gastaban las calorías, no había la obesidad. No existía ese problema en aquella sociedad.
Sin inventos tan modernos, su vida era diferente: no tenían gas ni luz, ni tampoco agua corriente.
Dejo aquí mis sentimientos, por si los quieren guardar. Que no se pierda en el viento, lo que hoy les vine a cantar.

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