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miércoles, 28 de enero de 2026

El mozo que suplió al toro


 

El mozo que suplió al toro

Tiran del carro con fuerza, una vaca y un gran toro, pero el buey sufre un traspié y se quiebra el hueso solo.

Padre e hijo, desolados, se ponen a cavilar: ¿cómo llegar hasta el pueblo? Allí no pueden quedar.

Lanza el padre juramentos, el hijo ni uno solo; está en plena juventud y decide suplir al toro.

Tira con garbo del carro, ¡avería solucionada! La vaca lanza un mugido y se queda enamorada.

La noticia, al conocerse, fue malinterpretada; para enredarlo aún más, la vaca estaba preñada.

Cien vacas se concentraron en la plaza del lugar, todas mugiendo a la vez, haciendo el hierro sonar.

Para ellas es un ídolo, ¡un auténtico toro bravo! Y al verlo pasar de cerca, todas levantan el rabo.

Ante tanta cornamenta y aquel coro de mugidos, no le quedó alternativa: escapó dando alaridos.

Nadie sabe a qué lugar, dicen que llegó al infierno; le cogió miedo a las vacas y pavor a cualquier cuerno.

Desde entonces, por los campos, corre el mozo sin descanso, que prefiere ser soltero a ser buey en un remanso.


 

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