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miércoles, 28 de enero de 2026

La Confesión de la Bisabuela.


 La Confesión

Necesito confesar, que soy una pecadora: uso la cama de noche y también a cualquier hora.

—Eso no tiene importancia, a veces son cosas tontas; prosigue con tu relato... ¿Dime cómo te lo montas?

—De lado, de boca arriba, probé todas las posturas para calmar los picores y bajar las calenturas.

Al quedarme en pelotas, pongo debajo una almohada, con las rodillas arriba me siento más relajada.

Si no me quedo hacia el techo, uso un gran almohadón, que me levante el trasero... ¡qué cómoda posición!

—Soy un cura y soy un hombre, y no dejo de pensar en todas esas posturas que me hacen hoy pecar.

Eres oveja perdida, quizás una entre mil, ya hallarás el camino para volver al redil.

Perdonaré tus pecados, ¡pues a eso es a lo que vienes! Para darte penitencia... ¿dime cuántos años tienes?

—Los próximos a cumplir serán ya los noventa; puede haber diferencias, pues ya no llevo la cuenta.

—Vete en paz, hija mía, ¡eso son buenas señales! Rezaré por ti al Señor, que Él te cure de tus males.

Se marchó la pobre anciana, cojeando y muy sonriente: —¡Lo que hace la artrosis, padre, en el cuerpo de una inocente!

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