Paseando por el parque, bajo una tenue brisa, pasaste por mi lado caminando con prisa.
Diste tal acelerón, sin haber cerca una meta, que algo raro ocurrió: se te cayó la carpeta.
Tus apuntes volaron, ¡vaya amarga faena! Te ayudé a recogerlos con el alma de pena.
Dijiste: "¡Muchas gracias!", toda tú avergonzada, y admiré tu hermosura en tu cara sonrojada.
Esa flecha llegó, me sentí emocionado; te ofrecí mi presencia para andar a tu lado.
Difícil que a la primera aceptaras compañía; con discreto silencio... "Nos vemos otro día".
Soñaba cada noche, los días eran lentos; por volver a encontrarte esperaba el momento.
Llegó el día esperado, pero murió mi gozo al verte acompañada del brazo de aquel mozo.
Como estatua quedé, no quise volverte a ver; pasé un mes en la cama sin ganas de comer.
Tú no supiste nunca la anemia que sufrí; han pasado los años... y aún me acuerdo de ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario