El gato cohete
Reuniones de rapaces para pasar el rato: a uno se le ocurrió ¡por qué no pillar un gato!
Un plan muy perfecto, mucho que preparar; esa clase de animal es difícil de cazar.
Una vez cazado el gato, con la cola un poco grasa, le prendimos fuego al rabo a ver qué es lo que pasa.
Sale el gato disparado sin saber dónde se mete; eso no era ya un gato, ¡era un puro cohete!
Se refugia en un pajar, surge la gran faena: prende fuego toda la paja, la hemos liado buena.
Tocamos las campanas, el pueblo se reunió, y con calderos de agua entre todos se apagó.
No estaba lleno de paja y estaba muy apretada; nos salvamos por los pelos de esa gran gamberrada.
No éramos niños salvajes ni tampoco unos gamberros; nuestros únicos juguetes eran los gatos y perros.
Los padres en el campo, nosotros solos todo el día; la única diversión: hacer mil perrerías.
No sufran por el gato, siguió cazando ratones; solo se quemó el rabo sin más complicaciones.

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