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lunes, 12 de enero de 2026

La Aventura del Albañil.


 Le surgió una gran aventura con una mujer divina. Tenía que aprovecharla, ¡la ocasión de su vida!

Ante tal acontecimiento le asalta una preocupación: que se le afloje el invento o le falle el corazón.

Se encuentra tan nervioso ante la gran aventura, que busca pronto un remedio que asegure la tersura.

Trabajando de albañil tiene material de sobra: kilos de yeso y escayola que se trajo de la obra.

Se puso una capa gruesa, pensó: "vaya buen apaño, aguantará un rato largo y aumentará mi tamaño".

Aquello asustó a la chica, que no sabía qué hacer; jamás vio nada parecido y escapó a todo correr.

Él no logra comprender comportamiento tan extraño, ¡si solo había aumentado cuatro veces su tamaño!

Pero ante lo desconocido siempre hay curiosidad; la muchacha se lo piensa y le da otra oportunidad.

Esta vez, sin escayola, ella queda convencida: no iba tan mal de "herramienta" y se unieron de por vida.

Hoy, que ya son abuelos, recordar aquello mola; y ella le dice al oído: —¡Quiero tocar algo duro, ve a por la escayola!


El Conjunto de Lencería


 El Conjunto de Lencería

Ve un conjunto muy sexy y queda impresionada. Es fino y transparente, le parece una monada.

Pero al ver el precio, se acaba el romance. Es carísimo el conjunto; está fuera de su alcance.

El dueño la contempla, pues es una chica preciosa, y le propone un trato para conseguir la cosa:

—Si hacemos el amor con el conjunto puesto, te lo llevas por la cara... si no te tiras un cuesco.

Tengo que advertirte: en el amor soy un jabato; si sueltas un solo pedo, ahí se acaba el contrato.

Imposible conseguirlo, tuvo una mala hora: no disparó un solo tiro, ¡fue una ametralladora!

Se lo contó a su madre: —¡Hija, eres un desastre! Verás cómo lo consigo y lo dejo para el arrastre.

Allí se presentó ella con su cuerpo madurado, dispuesta a dejarlo KO, o más bien, a dejarlo frito.

No se le escapó solo uno, lo hizo con tal violencia que aquello parecía una traca de las fallas de Valencia.

Regresó luego a su casa con el ceño muy fruncido. La hija le dice al verla: —¿Mamá, lo has conseguido?

—Necesito ir al banco, lo traigo para lavar... A ver si me dan un crédito para poderlo pagar.


 

El Precio de la Elegancia.

 

En un lugar de altos vuelos entra un señor elegante, con la firme intención de cenar en el restaurante.

Al echar una ojeada recorriendo el interior, ve a una "chica, bombón" sentada en el comedor.

Se acerca rápido a ella con la mejor intención: si comparten hoy la mesa, él paga la consumición.

—"Para compartir la mesa y poder cenar conmigo, necesitas un millón, tres motos y un deportivo".

—"Si sueñas llevarme al catre, eso es otra cuestión: veinticinco centímetros, dos lanchas y un avión".

—"Tengo más de diez coches y veinte aviones volando, cien chalets en el Caribe y todo está funcionando".

—"Mil millones en el banco, cien en moneda virtual; podría bañarte en oro y me quedaría igual".

—"Sé que eres muy bonita y te sientes una diosa, pero no voy a complacerte por ser tan caprichosa".

—"¿Que quieres veinticinco centímetros? Por ahí no voy a pasar: me sobran más de ocho y no los pienso cortar".

La Sonata del Huerto.


 Sin váteres en el pueblo se van a mear al huerto. Para que no los divisen buscan un ángulo muerto.

El hombre, para hacer pis, no se tiene que agachar; por eso ve a la vecina cuando ella sale a mear.

Es delicia contemplar cuando ella sale al huerto: no toma precauciones ni busca el ángulo muerto.

No necesita esconderse, ella usa mejor maña: como usa falda larga, monta tienda de campaña.

Él ya le cogió el tranquillo por la noche y la mañana; sabe que nunca le falla los siete días por semana.

Llama mucho su atención una cosa inesperada: mueve falda y tira pedos al terminar la meada.

Ella madruga bastante, eso lo hace a diario. ¿Será acaso el despertador que despierta al vecindario?

Los que suelta por la noche los lanza con más ganas. Seguro que es la señal de irse pronto a la cama.

No le convence el asunto, lo tiene que descifrar; no le queda más remedio que tener que preguntar.

—Eres un poco cotilla además de preguntón; para despejar tus dudas te daré la solución.

Como no tenemos pito y tenemos manantial, se nos queda la humedad y nos moja el matorral.

Veo que tú la sacudes al terminar de mear; ¡yo muevo falda y tiro pedos para poderme secar!

La Criada Precavida.

 

Todos buscan una interna que les lleve bien el hogar; pero en los tiempos que corren es difícil de encontrar.

La mujer se desentiende de tan complicada cosa, y le encarga a su marido: "Búscame una que sea curiosa".

Decisión equivocada encargar eso al marido, pues busca una que le deje meter el pájaro en nido.

La mujer sale de viaje, se marcha muy mosqueada; el marido está feliz quedándose con la criada.

Ella es un poco de pueblo, parece muy inocente; a él eso no le importa: quiere "meterla en caliente".

Con el trasero que tiene, bien le daría un buen viaje; ¡sería más fácil que meter el coche dentro del garaje!

Al proponerle el asunto, el hombre es rechazado; la pega que ella le pone: "Usted es un hombre casado".

"Nada le debo a usted, ni de antes ni de ahora; quien manda aquí es su mujer, y a mí me paga la señora".

"Por eso no te preocupes, en eso estoy de acuerdo: te daré una paga extra y, además, un sobresueldo".

El dinero abre las piernas, esa es la pura verdad; pero ella pide un informe: "Que no tenga enfermedad".

Al comprobar que está sano, se estremece de alegría; se desnudó en un minuto, ¡lo que el hombre quería!

"Dale ya caña al mono, ¿de esta te vas a acordar? Soy tan buena en el asunto que no lo vas a olvidar".

"Te permito repetir hasta que afloje el canuto; ya sabes que soy de pueblo: me gusta hacerlo a lo bruto".

Al terminar las funciones, el hombre queda pensando:  "¿Es esta una chica tonta, o se está cachondeando?

"Eres una mujer fantástica y veo que estás al día; al pedir el certificado, fuiste muy precavida".

"Se lo pido a todo hombre, así soy de precavida: ¡disfruto como una loca cuando les pego el SIDA:

Tiempos de Prohibición



Tiempos de Prohibición

Tiempos eran de prohibición: ni mirar, ni abrazar, ni tocar. Hasta la noche de bodas, nada se podía catar.

Tres años llevan de novios, sin agarrarse ni un brazo. Un día, por un impulso, quiso darle un gran abrazo.

—¿Qué te figuras que soy? ¡Cacho perro del demonio! Solo te dejaré tocar, consumado el matrimonio.

—Eres igual que tu abuela, solo dices necedades. Las mujeres y los hombres tienen sus necesidades.

Fíjate bien en tus padres: ellos no se reservaron, y por eso tú naciste el día que se casaron.

—Estás hoy muy encendido, ¡olvídalo de una vez! Vas y te la machacas, pero ya, con rapidez.

Machácala bien a fondo, déjala bien machacada, que se te quiten las ganas por una larga temporada.

Acojonado y sumiso, de su lado se marchó. Con una maza y un yunque, el tonto la machacó.

Tal grito pegó el muchacho que los edificios temblaron, los animales huyeron y los pájaros emigraron.

Cuatro ancianas centenarias no lo pasaron mejor: creyeron que venía a por ellas el Ángel Exterminador.

Se desató una tormenta, en la torre cayó un rayo. Él tardó más de cuatro horas en despertar del desmayo.

Avisaron a la novia, querían que ella lo viera; que explicara qué ocurrió al quedar de esa manera.

—Yo no le he hecho nada, le dije: «A ver si te aplacas, para bajar el deseo, vas y te la machacas».

—Por seguir tus consejos, la tiene a la última moda. Revísala a ver si te sirve para después de la boda.

Cuando ella se la revisa, se quedó impresionada: era un ovillo de carne, morcilla de una fabada.

—Eres un ser de otro mundo, eso no es de un ser humano. ¡Aquí no se usan mazas, se machaca con la mano!

Eres más tonto que el tonto que hubo antes de nacer. Esa pelota de carne ya no la quiero ni ver.

Si esto hubiera pasado en la época actual, subiéndolo a las redes se habría vuelto viral.

No consiguió otra novia, aunque mucho lo intentó. Lo llaman en la comarca: «El tío que se la machacó».

También me pasó a mí, me lo dijo la Asunción. Como yo era pastor... busqué otra solución.

EL Canuto de Lucero.

 

Por andar de picos pardos, pilló una enfermedad: el pito cae a trozos, le queda la mitad.

La parienta le recrimina: —Te quedas sin pajarito; por tu mala cabeza, vas a acabar solito.

Él ama a su mujer y quiere seguir adelante; el médico le aconseja: —Lo mejor es un trasplante.

—No quiero la de un viejo, que es el que suele donar; un joven nunca la cede, no se podrá trasplantar.

—No sufras más, cariño, déjame pensar algo; quizás haya otros métodos que nos saquen del letargo.

—No pienses en siliconas ni medios artificiales; de esos los tengo de sobra, yo solo quiero naturales.

Llegó al fin el trasplante al décimo octavo día; se lo enseñó a su mujer y ella gritó de agonía:

—¡Eres un gran cabrón, un verdadero demonio! No quiero saber de ti, se acabó el matrimonio.

Se marchó lejos de él, sin querer ver el canuto; se vistió toda de negro y de riguroso luto.

Cuando una amiga la vio, quiso saber del entuerto: —¿Cómo es que vas de luto, si tu marido no ha muerto?

—No es por ese cabrón, que es un cerdo y un ratero... ¡El luto que estoy guardando es por él, (perro lucero)!


Hormonas,Tetas y Puñetas.

 

La mujer dice al marido: —Tenemos un gran problema, el que antes era tu niño, ahora quiere ser una nena.

Él responde: —No lo creo, lo acabo de ver desnudo; comparado con el mío, tiene un pito cojonudo.

—No es por el aparato, no te lo vas a creer: dice que lleva por dentro el alma de una mujer.

Quiere cambiarse hasta el nombre, pues el suyo no le viene; de ahora en adelante se hará llamar Irene.

Cree que siendo mujer más metas podrá alcanzar, y tomando las hormonas el pecho le ha de brotar.

—Esto me está superando, no lo llego a entender: que teniendo ese "equipo" prefiera ser una mujer.

Este muchacho está loco, es una gran tontería: querer quitarse la pieza por ponerse una tubería.

Quien está bien equipado no aprovecha la ocasión; si yo tuviera ese "arma", ¡duplico la población!

Se cambió al fin a mujer, más no le gusta su aspecto; ahora quiere otra vuelta hacia el género neutro.

Esto de tener un hijo lo voy a pagar con creces; si vuelvo a verme en el lío... ¡Me lo pienso veinte veces!


El novato y la corriente

 

El novato y la corriente.

En esos primeros amores, yo anhelaba saber los grados de calor que tenía una mujer.

Leía revistas de amor, busqué libros de ciencia; al salir con una chica quería tener experiencia.

Eran tiempos difíciles, tiempos de la Guerra Fría; cada uno se apañaba con lo poco que sabía.

Pedí consejo a unos sabios, sabios de pacotilla, y ellos me recomendaron probar con una bombilla.

"Pequeña, de linterna, con dos dedos has de cogerla; llévala a un lugar oscuro y allí podrás encenderla".

Puse anuncio en el diario (la broma no salió barata), pero tras mucho buscar, encontré a la candidata.

Al explicarle mi plan se mostró entusiasmada: "Esto que tú me propones es una prueba muy rara".

Elegimos noche oscura y que fuera en minifalda, que se tumbara en el suelo para yo poder tocarla.

Puestos ya en situación, puse mano en su rodilla; no llegaba la corriente, no encendía la bombilla.

No recibí su rechazo por lo que estaba haciendo, y buscando aquel enchufe mi mano siguió subiendo.

¡Arriba encontré el enchufe! Corriente sí que me daba; la bombilla no encendía, pero mi cuerpo temblaba.

La bombilla estalló al fin, yo seguí siempre explorando; se me caía la baba, los ojos están llorando.

Ella empezó a gemir y le dio un arrebato: me pidió, por caridad, que enchufara otro aparato.

Saqué la mano de allí, dejé libre la rendija, hice el salto del tigre y le enchufé la clavija.

Para descarga tan grande yo no estaba preparado; fue demasiada corriente y allí me quedé pegado.

Se abrasaron los pelos, mi cuerpo se chamuscó; quedé como un torrezno, la clavija se fundió.

Ella se agarró con fuerza, desenchufar, no quería; lo logré desconectar al agotar la batería.

Una experiencia terrible, una cosa sin igual; me dejó para el arrastre, terminé en el hospital.

Para ver la tal clavija, un gran equipo se unió, y todos dicen a coro: "¿Pero dónde la metió?".

Llegó un experto en el tema tras observar un buen rato, y le dijo a los doctores: "¡Este chico es un novato!".

De esta vivencia tan dura, seguro se va a acordar: hay ciertos sitios malditos que se deben evitar.

Es su primera experiencia, la cura será muy larga; ¡estoy seguro de que la enchufó en el coño de la Bernarda!


El Amigo y la Quinta Mujer.

 

Amigos de juventud se llegan a separar, y al cabo de mucho tiempo se vuelven a encontrar.

En un encuentro emotivo saltan los dos de alegría; lo normal en estos casos: cada cual cuenta su vida.

—Yo me casé muy joven, ella se llama Beatriz. Tenemos niño y niña, un matrimonio feliz.

—Mi vida no es igual, no tengo tanta fortuna: ya llevo cinco mujeres y no cuajo con ninguna.

Yo para las mujeres siempre fui como un caramelo, pero ahora estoy asustado y siempre miro hacia el suelo.

—Tu caso es muy extraño, cumplías con tus deberes... Cuéntame qué te sucede para cambiar de mujeres.

—La primera era estupenda pero muy caprichosa; muy buena para el amor, nula para cualquier cosa.

La segunda era católica, lo hacía con tanto anhelo que me decía: "¡no pares, tienes que subirme al cielo!".

Yo no pude subirla, lo intenté noche y día; se fue con uno más joven a ver si él la subía.

La tercera era política, de ideas muy diferentes: cuando yo me quedaba frío, ella se ponía caliente.

La cuarta, era inglesa, tenía otra opinión; terminamos discutiendo por la cuenta del Peñón.

Ahora estoy con la quinta y no la puedo dejar: me tiene acojonado, dice que me va a matar.

Es un bombón de mujer, lo malo es que es italiana; es la hija de un gran jefe de la mafia siciliana.

—Me dejas de piedra, amigo, y no dejo de pensar: ¿qué motivo tiene ella para quererte matar?

—La ley es así en su mundo, si la dejo soy maldito; la venganza más pequeña... ¡Mínimo cortarme el pito!

—No le veo el problema, cumple bien tus deberes: mira solo a los hombres, no mires a las mujeres.

—Para mí sí es un problema, digamos, una putada: soy bizco de nacimiento y no controlo la mirada.

domingo, 11 de enero de 2026

Un Hámster muy Travieso.


Tiene un hámster de mascota, le da mimos y atención. Un día se le escapa... ¡Vaya mala situación!

Llegó a casa de la vecina, mujer mayor y con caprichos. Él es joven, inexperto, solo sabe cuidar bichos.

Ella lo recibe alegre, está en pelota picada. Estaba tomando el sol para seguir bronceada.

Ante tal escenario, el joven queda perplejo. Tartamudeando dice: —¡Vengo a buscar mi conejo!—

—Un diablillo, ese conejo, travieso y aventurero. Como me pilló desnuda, se metió en el agujero.

Estaba tomando el sol, me encontraba relajada. Solo noté unas cosquillas y no le impedí la entrada.

Para obligarlo a salir, solo hay una manera: quédate tú en cueros y enchufa ya la manguera.—

Enchufó bien su manguera, más el conejo no salía. La mujer le comentaba: —Habrá que usarla más días.

Mueve bien esa manguera, como si estuvieras regando. Piensa que si formas charcos, se terminará ahogando.—

—¡Qué conejo tan extraño!— él no llega a comprender. —¡Que no se muera de hambre sin salir nunca a comer!—

—Tú lo encierras en la jaula, pasa frío y mucho calor. Aquí, en la madriguera, se siente mucho mejor.

Él te quiere con locura, te ama a su manera. Se pone muy contento cuando lo riega tu manguera.

Debemos de tratarle con amor y con cariño. Necesita de cuidados... ¡Más o menos como un niño!

Si vienes a visitarle, de hambre no va a morir. Mientras le des biberón, no querrá nunca salir.—

En lo alto del tejado, un gato está mirando. Él se está relamiendo y el joven sigue regando.

Consulta a laPitonisa.


 El marido la trata mal, la mujer es un gran lío; no sabe cómo librarse del capullo del marido.

No confía en la justicia, esto ya le había ocurrido: le pasó con un antiguo novio, vago, torpe y pervertido.

Le puso una denuncia que no le sirvió de nada; como solo eran novios, dijeron que lo dejara.

Separarse o divorciarse no es para tomarlo a risa, pero estas cosas es mejor solucionarlas deprisa.

Va donde una pitonisa que le diga el futuro; esta le dice: "No sufras, que no te lo veo oscuro.

Eres joven, eres guapa, y me dices que estás casada; vive feliz de la vida, no te preocupes por nada".

—"Cómo estoy, eso ya lo sé, no es a eso, a lo que he venido; lo que quiero que adivines es qué pasa con mi marido".

Saca la bola, la bruja, la comienza a frotar; en cuanto le quita el polvo, empieza ya a conjurar.

Media hora frotando bola... al terminar el conjuro, le dice con cara sería: —"Al marido lo veo oscuro.

Trátale con gran cariño, en futuro y en presente; le queda poco de vida: morirá en un accidente".

—"Eso ya me lo sabía, lo tengo superclarito... ¡Dime si quedaré impune o descubren el delito!".


El Aparato es Pequeño.

 

Cariño, quiero marcharme una corta temporada. Tu aparato es tan pequeño que me tiene algo agobiada.

—¡Dime que ya no me quieres! ¡Que de mí estás ya cansada! ¿Es por eso que te marchas una larga temporada?

—No lo pienses, amor mío, no te quiero solo un rato. Te lo digo muy en serio: ¡es culpa del aparato!

—Cariño, no te comprendo, eres un poco exigente. A pesar de ser pequeño funciona perfectamente.

—Será cuando yo no estoy y te quedas solo en casa... porque cuando estamos juntos, ¡esa cosa nunca pasa!

—¿Por qué te vas en invierno? Mejor espera al verano. Te dejo que lo hagas sola y yo lo haré todo a mano.

—Sería injusto de mi parte que yo la use a diario, y tú tengas que ir al baño a hacerlo en solitario.

—Si la metes tú y yo también, ¿ves que se queda atascado? Compraremos una más grande y todo solucionado.

Es un pequeño problema el que tenemos ahora. Para mejorar el panorama... ¡Compraremos otra, lavadora!

Historias de Prendas Intimas.

 

Con estas historias trato de olvidar el presente, para no caer en penas y así activar la mente.

El hombre llegó cansado de trabajar todo el día, sin tener la cena lista y viendo allí a la María.

Con sus agujas muy largas y el suelo lleno de ovillos, dice que le está tejiendo unos buenos calzoncillos.

—Sabes que yo no los uso ni los pienso estrenar, que es una prenda incómoda a la hora de mear.

—Sé lo poco que te gustan, más tendrás que comprender que en el día de la fiesta te los vas a tener que poner.

La mujer los terminó, los guardó en un apartado, esperando que llegara ese día señalado.

En las fiestas de aquel pueblo se vistió con mucha prisa, se puso los calzoncillos para ir derecho a misa.

Allí lo pasó fatal, ¡qué largos eran los sermones! Cuando el cura mandó rezar, se rascó... las intenciones.

Se marchó a todo trapo sin dejar de lamentar; llegó a casa, los quitó, ¡y le seguía el picar!

La María lo curó, le puso hasta vaselina, y juró que el siguiente sería de lana fina.

Un Marido muy Pesado


 Un marido pesado le recuerda a diario: «¿Qué obsequio piensas darme en nuestro aniversario?».

—No me atosigues más, que lo tengo que pensar; una cosa que te agrade y yo pueda descansar.

Llega el día señalado, le desvela el misterio: —Te acabo de comprar un nicho en el cementerio.

—¡Qué regalo tan macabro! No esperaba eso de ti. Noto que me quieres poco y quieres librarte de mí.

—Te quiero mucho, cariño, eres un mal pensado; quiero tenerte muy cerca, y el camposanto está al lado.

—Morirás antes que yo; así, de vez en cuando, puedo visitar tu tumba y saber dónde estás descansando.

Llega el cincuenta y uno, él vuelve a preguntar: —¿Amorcito, este año qué me piensas regalar?

—¡Una mierda como un piano te acabo de encargar! Ya que el del año pasado lo tienes sin estrenar.


"Crónica de una Aldea"


Es una anécdota más de esta España despoblada, cosas raras que suceden en una aldea olvidada.

Un cura para diez pueblos, cuatro gatos en la misa; se celebra cada mes y el hombre corre con prisa.

Repican ya las campanas, él espera con desvelo, pero al pasar media hora ya se está tirando al pelo.

Dos viudas que van cojeando se acercan pausadamente; el cura pierde los nervios al contemplar el ambiente.

Cuando por fin han llegado, él ya se quitó la estola: —"Me marcho porque van tarde", y allí las dejó, solas.

Parece cosa de chiste, pero es una pena suma: ni quedan fieles al rezo, ni sacerdotes con sotana.

Yo propongo a la Iglesia, para quitar la pereza, ofrecer buenos bocados y regalar la cerveza.

Que cambien ya las hostias por una buena hamburguesa; verán que hasta los ancianos se sientan pronto a la mesa.

Antes corrían al templo al primer toque de misa; hoy solo van si hay banquete y lo degustan sin prisa.

Está más que comprobado: si quieres juntar al personal, ponles comida y bebida... ¡Y acudirán al ritual!

Pequeña y sutil caricia.

 

Hablar hoy de las mujeres es no llegar a un acuerdo, si una te hizo una faena, no se borra ese recuerdo.

Media amiga, media novia, meses sin poder tocarla, ¡vaya sorpresa me llevo al intentar abrazarla!

Dio un gran salto hacia atrás llamándome "cara dura", dijo que debía esperar... que aún no estaba madura.

"Solo pido un buen abrazo, una pequeña caricia, sin pensamientos malignos y sin ninguna malicia".

—Eso sí que lo permito, sin pasarte de la raya, que a una amiga por un roce... ¡Le creció la valla! (o se quedó embarazada)

La tomé por la cintura con extrema sutileza, pero a pesar del cuidado, se me disparó la pieza.

Su reacción inmediata fue levantar la rodilla; con un poco más de tino, me cocina una tortilla.

Allí me dejó plantado, ni adiós me quiso decir, como un árbol desgajado que ya no puede subir.

Yo, tirado por los suelos, suplicando su perdón, y ella gritando a los vientos: —¡¡¡Pero qué eres, maricón!!!—

Se terminó aquella cita, se fue la gran ocasión... Yo pensaba que aquel gesto no era ser un maricón.

Generación silenciosa



Generación silenciosa.

 Soy de esa generación que, antes de saber andar, no se transformó en vampiro porque no pudo volar.

Nací en un cuarto oscuro, los ojos me los taparon; con bastos trapos de lino, manos y piernas me ataron.

A los tres meses, apenas, me tenían que "actualizar": me sacaron a la calle, me tenían que bautizar.

Demasiado brusco el cambio para todo ser humano: sin dar mi consentimiento, me convierten en cristiano.

Vierten agua en mi cabeza y yo me quedo encogido; el cura traza una cruz y me sale un sarpullido.

Me metían en un saco sin cantarme una nana; cuando salían al campo, me colgaban de una rama.

Para dormir, mismo sistema: como cuelgan los jamones; eso era para librarme de mordidas de ratones.

Al estar como una momia, dos años tardé en andar; cuatro años para correr, a los cinco... a trabajar.

Es una historia macabra que se me vino a la mente; en años de la posguerra era común y corriente.

Yo tuve la mala suerte por nacer en el cuarenta; pasar por todos esos trances es para tenerlo en cuenta.

Esto lo cuento a los nietos, me dicen: "estás mintiendo"; "son historias inventadas, no las estamos creyendo".


El drama de los tacones

 

El drama de los tacones

Nunca se puso tacones, al fin le llegó la hora. Estaba emocionada: era el día de su boda.

El vestido muy sencillo, el pueblo es muy pequeño; las calles sin asfaltar pueden truncar su sueño.

A la iglesia se va andando, un trayecto muy sencillo. No sabe andar con tacones: cae y se rompe un tobillo.

Las familias esperando por lo que pueda pasar; piensan que se arrepintió y no se quiere casar.

Lloros en la familia, novio y cura esperando; ella en el suelo, hecha un cristo, no puede llegar andando.

Un primo con decisión sabe cómo reaccionar: se la sube a la espalda, se presenta en el altar.

El novio, ante ese cuadro, ya no sabe qué pensar. Cree que ya tiene cuernos y no se quiere casar.

Las familias se insultan, se arman muchos follones, por culpa de la novia que no probó los tacones.

Pasó hace muchos años, difícil que ocurra ahora, que se prueban bien las cosas mucho antes de la boda.


sábado, 10 de enero de 2026

Homenaje a la tía abuela

 

Homenaje a la tía abuela

Ochenta años, la abuela, se mantenía con tocino, unas patatas cocidas y unas pintas de vino.

Doce hijos, cuatro abortos... una cosa exagerada. Trabajó siempre en el campo, jamás se puso mala.

Pesa cuarenta kilos, va por agua a la fuente; un caldero en cada mano, es un caso sorprendente.

A pesar de todo esto, la abuela va cantando; con los calderos bien llenos, parece que va saltando.

Solo da los buenos días, no se entretiene en hablar; dice que el día es corto y tiene que trabajar.

Un día le da un mareo, al siguiente está peor; no le queda más remedio que visitar al doctor.

Va montada en la burra, no puede ir andando; como pesa tan poquito, esta la lleva trotando.

La examina el doctor, la encuentra desnutrida; le manda dieta severa y que cambie de comida.

No le hace ni caso, sigue comiendo tocino; piensa morir alegre, bebe un poco más de vino.

Llegó a los noventa y cinco, entonces una enormidad; con tocino y un tintorro, se curó su enfermedad.

Es una historia cierta, no es una invención mía. Ocurrió en mi familia: es un recuerdo a mi tía. 

Dos fantoches presumiendo.


 

Dos fantoches presumiendo de cuál de los dos es mejor, por todas las cosas que hacen en trabajo y en amor.

—Soy tan bueno en el trabajo, nadie me puede igualar; llevo veinticuatro horas sin parar de trabajar.

—Qué me vas a contar a mí, si solo me quedé ayer y terminé con el trabajo que tenían que hacer diez.

—Una vez formé un trío con dos mujeres casadas; yo quería seguir la juerga, ellas, las dos, agotadas.

—Eso es poco para mí, lo hice con tres trillizas; yo estaba como una rosa, ellas, las tres, hechas trizas.

—Mi mujer es muy sensible, devota y muy cristiana; un Cristo en el dormitorio, en la cabecera de la cama.

En una noche de amor no lo pudo resistir: se desprendió de la cruz, ¡y no paró de aplaudir!

—A la mía le gusta dar, los pobres le dan pena; en la cabecera tiene el cuadro de la Última Cena.

Cuando le hago el amor, a todos ellos les mola: me acompañan con aplausos, ¡y hasta me hacen la ola!

La culpa "Al muerto"

 

Los embarazos de ahora se controlan un montón; ya se puede averiguar la fecha de fabricación.

Estas cosas tan modernas se ignoraban antaño: unos nacían en meses, otros tardaban un año.

Ella enviudó en enero, una muerte de repente; la mujer quedó hecha polvo, dio a luz al año siguiente.

Le preguntan: "¿Cómo fue?". "El semen quedó escondido, quizás en alguna arruga o en los pliegues del higo".

"Mi vida es una tristeza, tengo poco que comer; por esta causa el niño tarda meses en nacer".

"Si yo lo voy a parir y lo tengo que criar, iros a tomar por culo, dejad de cotillear".

Siguen con los cálculos, la gente lo comenta; como no saben contar, nunca les sale la cuenta.

Nadie pedía la fecha del día del nacimiento; se atrasaba o adelantaba al ir al ayuntamiento.

Eso resolvía problemas, deshacía el entuerto; cualquier problema surgido, se echaba la culpa al muerto.

Un verano de calor


 

Un verano de calor

Un verano con calor, a cuarenta grados diarios, dos mujeres conversaban; escuchad estos comentarios:

Viuda una, otra casada, hablando todo el rato, una se quiere ir a casa y enchufar el aparato.

—Yo me marcho para casa, quiero descansar un rato. En cuanto llegue mi esposo, ¡que me enchufe el aparato!

—Yo no puedo enchufarlo, tengo oxidado el enchufe; como no tengo marido, no hay quien me lo enchufe.

—Si tu enchufe está oxidado y no puedes enchufarlo, cómprate uno de pilas, ese puedes usarlo.

Al poco tiempo se ven y se ponen a cascar: —Dime, ¿sigues con calor? ¿O lo has podido enchufar?

Tiré el viejo aparato heredado del marido; me compré uno de pilas que da calor y da frío.

Por la noche y por el día siempre lo tengo enchufado; igual me da por detrás, por delante que de lado.

¡Maridos, estad atentos! No os dejéis morir, que hay muy buenos aparatos que os pueden sustituir.


Cambio

La Vela del Vaticano


La Vela del Vaticano

 La María se casó, tenía grandes ilusiones; quería tener cinco hijos: dos hembras y tres varones.

Lleva un año de casada sin novedad en el frente. Hace el amor a diario, pero no le crece el vientre.

Los dos se hacen análisis para buscar soluciones; en todos sale que están en perfectas condiciones.

Le pagan misas al cura para ver si ocurre algo. San Nonato no se entera y no produce un milagro.

Otro año trabajando y la tripa sin crecer; y le consultan al cura qué más tendrían que hacer.

—Tengo que ir al Vaticano, creo que puedo hacer algo; si el Papa bendice una vela, puede que ocurra el milagro.

Han pasado doce años hasta que regresa el cura. Ellos tienen doce hijos: ¡eso es una locura!

Al ver el cura aquel cuadro, piensa que es un cumpleaños y le dice a la María: —¿Esto es una vez al año?

—Todos son hijos nuestros, fruto del matrimonio. ¿A quién le puso usted la vela? ¿A San Nonato o al Demonio?

El cura está pillado, en buen lío se ha metido. Se le ocurre preguntar qué dónde está su marido.

—Camino del Vaticano, él ya no puede aguantar; a ver si encuentra esa vela ¡para poderla apagar!

Las desventuras de Antonio

 

Las desventuras de Antonio

Antonio llega borracho a las seis de la mañana; la María está dormida, tranquilamente, en la cama.

Trata de abrir la puerta, la noche no es oscura; lo que pasa es que ve doble, no acierta con la ranura.

El hombre vive en un quinto, la María no despierta; él sigue dando voces, ella duerme a pierna suelta.

Agotado se marea y se tiene que sentar, a ver si sale un vecino para él poder entrar.

Sale el vecino del cuarto, que se tiene que levantar; como tarda demasiado, se le vuelve a cerrar.

Llega uno a descansar de una jornada muy dura, y le dice: «¿Tú qué haces hurgando en la cerradura?».

«Tratando de abrir la puerta, ¿acaso no lo estás viendo? La llave se calentó y se me está derritiendo».

«Tienes una buena castaña, la pillaste en Casa Honorio; difícil abrir la puerta usando un supositorio».

«Ya sé por qué no abre la puerta, ahora di con la clave... ¡Me acabas de recordar dónde me guardé la llave!».



viernes, 9 de enero de 2026

No se lo Come el Marido







 Este chaval es muy tímido. Treinta años y soltero. No se come una rosca ni pasando un año entero.

Espía a la vecina, es una recién casada. Por ella se lanzaría a una aventura arriesgada.

Ha pasado cierto tiempo y los oye discutir. Pega la oreja al tabique para poderlos oír.

—Decías: «Todo me gusta, no soy nada delicado». Ahora no quieres probar algo que te he preparado.

—No lo pienso probar. Ni sueñes que lo intento. No quiero pasarlo mal y terminar escupiendo.

—Eres un tonto del culo. Si no lo deseas probar, ¡cuánto darían otros para poderlo catar!

—No seas una pesada, que no lo pienso probar. Mi padre no lo probó, es tradición familiar.

Mi madre lo preparaba, mi padre no lo comía. Yo heredé sus gustos; como ves, no es culpa mía.

—No recuerdes a tu padre, ahora son otros tiempos. Los gustos cambian... ¡Aprovecha los momentos!

Anímate a probarlo, no me seas botarate. Lo preparé al natural y también con el tomate.

—Ofréceselo al vecino, parece que nos vigila. Seguro que te lo come y tú te quedas tranquila.

Él, al escuchar eso, pega un salto de alegría. Con lo buena que está ella... ¡Él se lo comería!

Todo el día vigilando y alerta con el oído, para llamar a su casa en cuanto salga el marido.

Rápido se presentó, contento y decidido. Le dijo: —Vengo a comerte lo que no quiere el marido.

—Rápido, te lo preparo, te lo meteré en un táper. A mí me sale riquísimo el bacalao con tomate.

Confesiones de Cumple Años.

 

Hija: —Padre, vengo a confesar, no sé si habré pecado. En el cumple de mi novio algo raro me ha pasado.

Cura: —Cuéntame qué te pasó para que estés dudando. Los cumples son peligrosos y se termina pecando.

Hija: —Mi novio me separó del resto de la gente. Me dijo: «Ponte cómoda, que te pondré caliente».

»"Relájate y disfruta, que te va a encantar. Yo sé lo que te gusta y te lo vas a chupar.

»La sacó del pantalón, redondeada y brillante. Nada más verla así, me enamoré al instante.

»Me la metió en la boca, no me pude resistir. Empecé chupa que chupa y el líquido empezó a salir.

»Una tentación terrible, no paraba de chupar. Era tan dulce y suave... ¡Y muy fácil de tragar!

»De tanto chupa que chupa, mi cuerpo estaba caliente. No pude resistir más y caí al suelo, inconsciente.

»Cuando pude levantarme comprendí mi locura. Me dije: «Esto que sobra, se lo llevaré al cura».

»Como sé que le gusta, siendo usted el párroco mío, para que sienta placer aquí se lo he traído.

Cura: —No entiendo nada de lo que me estás contando... ¿Cómo sabes que me gusta lo que tú estabas chupando?

Hija: —Sé que le gusta el licor, no nos vamos a engañar. Es crema de licor fuerte... ¡Y usted la va a chupar!

Las Comadres Criticadoras.


 En la calle, dos mujeres están como conversando. La María se les acerca a ver qué están hablando.

No hablan de política ni de amores frustrados; critican a los maridos, que son unos fracasados.

—El mío es un rato vago, además de un calzonazos. Cuando hacemos el amor, él siempre queda debajo.

—Del mío en esas cosas también me puedo quejar: es como una moto vieja que no logra ni arrancar.

—Lo que me hizo el mío, eso no lo hace ninguno: en la noche de bodas, se desinfló echando uno.

—Lo que le pasó al mío, eso sí que fue una pena: cuando fue a "enchufar", se le cayó la antena.

Tenemos que trabajarlos con muchísima paciencia; si estos pavos no cambian, no habrá más descendencia.

La María está atónita de que hablen de esa manera; las dos son vecinas suyas y, además, están solteras.

—Estáis solteras las dos y no paráis de criticar; si se enteran los hombres, ¡jamás os vais a casar!

—Criticamos a los hombres, aunque no estemos casadas; por si llega ese momento... ¡Ya estamos entrenadas!



La Churri y la Choni

 

La Churri y la Choni

La Churri y la Choni, dos viudas desconsoladas, visitan a sus maridos dos veces a la semana.

La Churri le lleva flores y se pone a rezar; la Choni le pone cardos y no para de jurar.

Diez misas pagó la Churri a su marido, el Eugenio, para que se vaya al cielo y librarle del infierno.

La Choni, una mala tumba para ese marido muerto; da diez euros al cura que le rece un padrenuestro.

Los debían querer mucho, ese será el misterio; expresando sentimientos salen del cementerio.

La Churri sale normal, la Choni sale de culo; siempre mirando la tumba, se despide sin saludos.

La Churri queda perpleja al ver que niega el saludo; no llega a comprender el porqué sale de culo.

—Entiendo que te dé pena, la despedida es cruenta; más dime pronto el motivo para no darte la vuelta.

—Que yo no me dé la vuelta, te explicaré el motivo: ¡no quiero enseñarle el culo al cabrón de mi marido!

Él siempre me decía, cuando tenía el pene muerto: «Enseña el culo, mi amor, que eso resucita al muerto».

Por eso salgo de culo, que no me quiero arriesgar, no sea que, al ver mi culo, él pueda resucitar.



El Sueño y la Palanca.


 La joven tenía un sueño que no había cumplido: estaba obsesionada con conducir un deportivo.

En una noche de fiesta, la chica está animada. Ve un Ferrari parado y se queda como pasmada.

Un joven se acerca al coche, ella sigue allí parada. Con la boca entreabierta, parece que está hechizada.

—¿Qué te pasa, jovencita? Si ves que te encuentras mal, te puedes subir al coche y te llevo al hospital.

—Estoy contemplando el coche, te explicaré el motivo: el sueño de mi vida es conducir un deportivo.

—Si ese es tu sueño, te ayudaré a cumplirlo. Ponte rápido al volante, llévame a mi domicilio.

No lo dudó ni un segundo, rápido se puso en marcha. Durante todo el recorrido, sacando y metiendo marchas.

—Ya has cumplido tu sueño, ¿te encuentras mucho mejor? Puedes subir a mi casa y hacemos el amor.

—No quiero hacer el amor, tú te has confundido. Sabes que mi sueño era conducir un deportivo.

—Tú agarraste la palanca, todo el trayecto cambiando... Si este coche es automático, ¿qué estabas insinuando?

La Abuela de la Vlla Baja.


 La Seguridad Social, alarmada, no sabe qué está pasando: en los días de partido, terminan veinte ingresando.

Y con el mismo problema y en idéntico lugar, dan cuenta a la policía para que se ponga a investigar.

A pesar de los registros y de poner todo su empeño, no encuentran la causa y se siguen produciendo.

A las doce de la noche, una abuela con premura, con una bolsa en la mano, va a tirar la basura.

La abuela tropieza y cae, no se puede levantar; un policía la ve y la ayuda a incorporar.

Coge la bolsa, la abuela y sale como un cohete, pero se le cae un bolso que va lleno de billetes.

Mala suerte para la abuela, una caída nefasta; el policía le pregunta: «¿De dónde sacó la pasta?».

—Vivo ahí, enfrente, en esa casa chiquita, con un jardín pequeño y una valla muy bajita.

Cuando hay partido, yo me pongo a vigilar con tijeras en la mano, porque saltan a mear.

Cuando el tío está meando, completamente absorto, le digo: «Suelta la pasta o ahora mismo te la corto».

—Es un negocio ilegal y usted una abuela dura. ¿Qué contiene la bolsa que lleva a la basura?

—Después de lo que ha visto, yo se lo puedo explicar: miembros de negacionistas que no quisieron pagar.

El Perfume de la Princesa.

 

En lo alto de la torre, la princesa está encerrada. Está pregonando a gritos que quiere ser liberada.

Un mancebo que la oye la quisiera rescatar, pero la torre es muy alta y difícil de escalar.

Él pide una recompensa si la puede rescatar. Ella le ofrece un perfume que se acaba de inventar.

—Es mucho lo que me juego y veré qué puedo hacer. Lánzame unas gotas y que yo lo pueda oler.

—Tengo una jofaina llena, con él te puedo duchar. Ahora mismo te lo lanzo, pues acabo de mear.

La dejó bien duchado y con la ropa empapada. Entró soltando perfume y la gente se apartaba.

Sin ningún impedimento y sin pasar un mal rato, llegó hasta la princesa con un enorme aparato.

Nunca vio una cosa igual y se queda preguntando si montando ese aparato la liberará volando.

—Eres una dama bella, estás fina y esbelta. Nos vamos a escapar montando en un ala-delta.

Se lanzaron de la torre, muy lejos del lugar. Ella quería darle el premio antes de aterrizar.

—Espera que aterricemos, no seas tan impaciente. Pasaré por la oficina para sacar la patente.

No consiguió la patente, ya estaba patentado: el padre de la princesa se le había adelantado.

Por eso la encerró y no la quería casar. Era su fuente de ingresos desde que empezó a mear.

—No te preocupes, mi amor, esto no es un fiasco. Olvídate del perfume y disfrutemos del frasco.