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viernes, 9 de enero de 2026

No se lo Come el Marido







 Este chaval es muy tímido. Treinta años y soltero. No se come una rosca ni pasando un año entero.

Espía a la vecina, es una recién casada. Por ella se lanzaría a una aventura arriesgada.

Ha pasado cierto tiempo y los oye discutir. Pega la oreja al tabique para poderlos oír.

—Decías: «Todo me gusta, no soy nada delicado». Ahora no quieres probar algo que te he preparado.

—No lo pienso probar. Ni sueñes que lo intento. No quiero pasarlo mal y terminar escupiendo.

—Eres un tonto del culo. Si no lo deseas probar, ¡cuánto darían otros para poderlo catar!

—No seas una pesada, que no lo pienso probar. Mi padre no lo probó, es tradición familiar.

Mi madre lo preparaba, mi padre no lo comía. Yo heredé sus gustos; como ves, no es culpa mía.

—No recuerdes a tu padre, ahora son otros tiempos. Los gustos cambian... ¡Aprovecha los momentos!

Anímate a probarlo, no me seas botarate. Lo preparé al natural y también con el tomate.

—Ofréceselo al vecino, parece que nos vigila. Seguro que te lo come y tú te quedas tranquila.

Él, al escuchar eso, pega un salto de alegría. Con lo buena que está ella... ¡Él se lo comería!

Todo el día vigilando y alerta con el oído, para llamar a su casa en cuanto salga el marido.

Rápido se presentó, contento y decidido. Le dijo: —Vengo a comerte lo que no quiere el marido.

—Rápido, te lo preparo, te lo meteré en un táper. A mí me sale riquísimo el bacalao con tomate.

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