Dos fantoches presumiendo de cuál de los dos es mejor, por todas las cosas que hacen en trabajo y en amor.
—Soy tan bueno en el trabajo, nadie me puede igualar; llevo veinticuatro horas sin parar de trabajar.
—Qué me vas a contar a mí, si solo me quedé ayer y terminé con el trabajo que tenían que hacer diez.
—Una vez formé un trío con dos mujeres casadas; yo quería seguir la juerga, ellas, las dos, agotadas.
—Eso es poco para mí, lo hice con tres trillizas; yo estaba como una rosa, ellas, las tres, hechas trizas.
—Mi mujer es muy sensible, devota y muy cristiana; un Cristo en el dormitorio, en la cabecera de la cama.
En una noche de amor no lo pudo resistir: se desprendió de la cruz, ¡y no paró de aplaudir!
—A la mía le gusta dar, los pobres le dan pena; en la cabecera tiene el cuadro de la Última Cena.
Cuando le hago el amor, a todos ellos les mola: me acompañan con aplausos, ¡y hasta me hacen la ola!

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