Sin váteres en el pueblo se van a mear al huerto. Para que no los divisen buscan un ángulo muerto.
El hombre, para hacer pis, no se tiene que agachar; por eso ve a la vecina cuando ella sale a mear.
Es delicia contemplar cuando ella sale al huerto: no toma precauciones ni busca el ángulo muerto.
No necesita esconderse, ella usa mejor maña: como usa falda larga, monta tienda de campaña.
Él ya le cogió el tranquillo por la noche y la mañana; sabe que nunca le falla los siete días por semana.
Llama mucho su atención una cosa inesperada: mueve falda y tira pedos al terminar la meada.
Ella madruga bastante, eso lo hace a diario. ¿Será acaso el despertador que despierta al vecindario?
Los que suelta por la noche los lanza con más ganas. Seguro que es la señal de irse pronto a la cama.
No le convence el asunto, lo tiene que descifrar; no le queda más remedio que tener que preguntar.
—Eres un poco cotilla además de preguntón; para despejar tus dudas te daré la solución.
Como no tenemos pito y tenemos manantial, se nos queda la humedad y nos moja el matorral.
Veo que tú la sacudes al terminar de mear; ¡yo muevo falda y tiro pedos para poderme secar!

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