En un lugar de altos vuelos entra un señor elegante, con la firme intención de cenar en el restaurante.
Al echar una ojeada recorriendo el interior, ve a una "chica, bombón" sentada en el comedor.
Se acerca rápido a ella con la mejor intención: si comparten hoy la mesa, él paga la consumición.
—"Para compartir la mesa y poder cenar conmigo, necesitas un millón, tres motos y un deportivo".
—"Si sueñas llevarme al catre, eso es otra cuestión: veinticinco centímetros, dos lanchas y un avión".
—"Tengo más de diez coches y veinte aviones volando, cien chalets en el Caribe y todo está funcionando".
—"Mil millones en el banco, cien en moneda virtual; podría bañarte en oro y me quedaría igual".
—"Sé que eres muy bonita y te sientes una diosa, pero no voy a complacerte por ser tan caprichosa".
—"¿Que quieres veinticinco centímetros? Por ahí no voy a pasar: me sobran más de ocho y no los pienso cortar".

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