Le surgió una gran aventura con una mujer divina. Tenía que aprovecharla, ¡la ocasión de su vida!
Ante tal acontecimiento le asalta una preocupación: que se le afloje el invento o le falle el corazón.
Se encuentra tan nervioso ante la gran aventura, que busca pronto un remedio que asegure la tersura.
Trabajando de albañil tiene material de sobra: kilos de yeso y escayola que se trajo de la obra.
Se puso una capa gruesa, pensó: "vaya buen apaño, aguantará un rato largo y aumentará mi tamaño".
Aquello asustó a la chica, que no sabía qué hacer; jamás vio nada parecido y escapó a todo correr.
Él no logra comprender comportamiento tan extraño, ¡si solo había aumentado cuatro veces su tamaño!
Pero ante lo desconocido siempre hay curiosidad; la muchacha se lo piensa y le da otra oportunidad.
Esta vez, sin escayola, ella queda convencida: no iba tan mal de "herramienta" y se unieron de por vida.
Hoy, que ya son abuelos, recordar aquello mola; y ella le dice al oído: —¡Quiero tocar algo duro, ve a por la escayola!

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