
Cuestión de feo y de barro.
Pregunté un día a mi madre, con amor y con cariño: —"¿Me explica usted, por favor, cómo se fabrica un niño?"
—"Vete donde haya barro, haz uno que a ti te guste; lo dejas secar bastante y después le sacas lustre.
Cuando ya esté muy bonito, si eres un buen cristiano, le pides mucho al Señor y Él te echará una mano.
Tienes que rezar con fe, no decir ni una mentira; si resultas elegido, el Señor le dará vida.
Y si no eres elegido... cuando tengas el dinero, lo compras ya fabricado, ¡que los hace bien el tejero!"
—"Yo pensaba de otra forma, más sencilla de entender: que a los niños los hacían un hombre y una mujer".
—"Las madres solo ayudamos a dar teta y a criarlos, pero no intervenimos a la hora de fabricarlos".
Aquello no me convenció, no entraba en mi mente; yo veía a los animales hacerlo muy diferente.
Historias de nuestras madres, relatos de las abuelas... que si hoy se las cuentan a un niño, ¡a ninguno se la cuelan!
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