La Seguridad Social, alarmada, no sabe qué está pasando: en los días de partido, terminan veinte ingresando.
Y con el mismo problema y en idéntico lugar, dan cuenta a la policía para que se ponga a investigar.
A pesar de los registros y de poner todo su empeño, no encuentran la causa y se siguen produciendo.
A las doce de la noche, una abuela con premura, con una bolsa en la mano, va a tirar la basura.
La abuela tropieza y cae, no se puede levantar; un policía la ve y la ayuda a incorporar.
Coge la bolsa, la abuela y sale como un cohete, pero se le cae un bolso que va lleno de billetes.
Mala suerte para la abuela, una caída nefasta; el policía le pregunta: «¿De dónde sacó la pasta?».
—Vivo ahí, enfrente, en esa casa chiquita, con un jardín pequeño y una valla muy bajita.
Cuando hay partido, yo me pongo a vigilar con tijeras en la mano, porque saltan a mear.
Cuando el tío está meando, completamente absorto, le digo: «Suelta la pasta o ahora mismo te la corto».
—Es un negocio ilegal y usted una abuela dura. ¿Qué contiene la bolsa que lleva a la basura?
—Después de lo que ha visto, yo se lo puedo explicar: miembros de negacionistas que no quisieron pagar.

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