Un verano de calor
Un verano con calor, a cuarenta grados diarios, dos mujeres conversaban; escuchad estos comentarios:
Viuda una, otra casada, hablando todo el rato, una se quiere ir a casa y enchufar el aparato.
—Yo me marcho para casa, quiero descansar un rato. En cuanto llegue mi esposo, ¡que me enchufe el aparato!
—Yo no puedo enchufarlo, tengo oxidado el enchufe; como no tengo marido, no hay quien me lo enchufe.
—Si tu enchufe está oxidado y no puedes enchufarlo, cómprate uno de pilas, ese sí puedes usarlo.
Al poco tiempo se ven y se ponen a cascar: —Dime, ¿sigues con calor? ¿O lo has podido enchufar?
—Tiré el viejo aparato heredado del marido; me compré uno de pilas que da calor y da frío.
Por la noche y por el día siempre lo tengo enchufado; igual me da por detrás, por delante que de lado.
¡Maridos, estad atentos! No os dejéis morir, que hay muy buenos aparatos que os pueden sustituir.

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