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martes, 27 de enero de 2026

El Milagro del Jabalí


 

El Milagro del Jabalí

Dos octogenarios charlan, entre dichas y amarguras, recordando tiempos buenos y también las etapas duras.

En medio de la partida, sin ninguna mala intención, comienzan a presumir y se salen del guion.

Viudos se encuentran ambos, con ganas de conquista, y repasan los amores de la última en su lista.

—Mi vida amorosa ahora es salir con una viuda; tiene sesenta y cinco y una figura que ayuda.

—¡La mía tiene treinta y cinco! Y está de mí, enamorada. Como quería tener un niño... la he dejado embarazada.

—A veces ocurren milagros, como ese que te pasa a ti; créeme que te comprendo, pues una vez me ocurrió a mí.

Estaba yo por el campo, con la garrota en la mano, le "disparé" a un jabalí y dejé muerto al marrano.

—¡Eso no puedo creerlo! ¿Matar así a un jabalí? ¡Seguro disparó otro y el mérito fue para ti!

—Fue algo inexplicable, ni lo creía yo mismo... y es posible, buen amigo, que a ti te pase lo mismo.

Que el milagro es de otro "rifle", de eso no tengo duda, pues a un palo de madera... ¡Nadie le pide ayuda!

Memoria de una infanci


 

Memoria de una infancia

Un día en mi niñez, la época que viví. Intentando recordarlo, más o menos era así:

—¡Levántate, perezoso, tienes sopa en la cazuela! Lávate un poco la cara y marcha para la escuela.

Cuidado con los zapatos, en la calle hay mucho barro. No vayas pisando charcos, procura no venir guarro.

Nunca olvidaba los libros, pues solo tenía uno. Cargando con la pizarra, no hacía falta ninguno.

En la escuela, un revuelto, todas pobres criaturas. Con muy pocas atenciones y ninguna asignatura.

El recreo en plena calle, a tomar un poco el sol, incluida la canción de cantar el Cara al Sol.

Nada de ayuda de abuelos, eran casi analfabetos; tenían que trabajar con un ejército de nietos.

Pocos eran los deberes, pero sí muchos recados: coger nabos en el huerto o segar hierba en el prado.

A veces ir con las vacas, otras con las ovejas. Ayudar a los padres... esos no admitían quejas.

Hoy sería esclavitud, entonces era trabajo. Pero uno era muy feliz cenando sopas de ajo.

Las sopas de la tía Antonia


 

Las sopas de la tía Antonia

Encontré a la tía Antonia en una piedra sentada, con lágrimas en los ojos, llorando desconsolada.

Le pregunté por qué lloraba y dijo muy afligida: —Tropecé, caí al suelo y se vertió la comida.

Le llevaba a mi marido unas sopas muy calientes, con pan, un poco de aceite y un toque de pimentón.

—Mujer, regresa a la casa y prepara otra comida; un descuido le ocurre a cualquiera, aquí no se acaba la vida.

—Eso que tú me aconsejas, yo no lo puedo hacer; en casa no queda nada y yo estoy aun sin comer.

—El caldo ya se ha vertido, pero el pan se ha salvado; si le llevas un poco de vino, lo tienes solucionado.

—No se me había ocurrido una cosa tan sencilla; a él las sopas de vino le sientan de maravilla.

Comió las sopas de vino, siguió arando contento, y ella regresó a su casa tirando pedos al viento.

Así termina el desastre, con vino y mucha alegría, que un estómago con gases da música a todo el día.



Cuestión de Posiciones


 

Cuestión de Posiciones

—Decídete de una vez, que ya deseo saber cuándo estarás dispuesta, y así podremos proceder.

—A mí no me metas prisas, templa tus emociones; hay que enterarse bien leyendo las instrucciones.

—Si es una tarea fácil, y además, mola un montón; solo es echarle tiempo y buscar la colocación.

—Tú lo ves muy facilón porque así lo imaginas; sabes bien cómo comienza, pero no cómo terminas.

—Para eso estás tú conmigo, que mis males remedias; seguro que lo concluyes, aunque yo lo deje a medias.

—No seas un impaciente, de momento te recuerdo: hay algo más importante, ya llegará nuestro acuerdo.

—Fíjate en los vecinos, en su hogar clausurados, lo intentan cada día y siguen derrotados.

—Esos no ponen pasión, les falta todo el cariño; no tienen idea de nada... ¡Ni de fabricar un niño!

—Te garantizo, mi vida, que si pongo mi interés, este puzle de mil piezas ¡lo acabamos en un mes!

La cruda verdad del indiano


 

La cruda verdad del indiano

Pudo con él la morriña, a su pueblo regresó; quería ser enterrado donde un día nació.

Comentaban en la plaza que emigró de los primeros, que hizo fortuna en América y traía mucho dinero.

Rápido lo hacen alcalde, su entorno es una locura: todos quieren ser amigos, sobre todo el señor cura.

Al no tener herederos, el interés se comprende; pero llega la enfermedad y entonces nadie le atiende.

Solo una viuda pobre lo cuida sin falsedad; con cuatro hijos pequeños, lo hace por necesidad.

Cuatro años de atenciones, cuatro años de locura; él le da cuanto posee... ¡Y que no se entere el cura!

Al dar la extremaunción, el cura exige primero: «Para limpiar tus pecados, tienes que donar dinero».

—Me lo gasté todo en putas, tenía el pito muy duro; no queda ni para el entierro, no me queda un puto duro.

—Ahora vienes por la plata, poco te has preocupado; reparte mejor tus hostias y apunta para otro lado.

Al celebrar el entierro, el cura dijo ese día: «Hay alguien que, sin jugar, ganó hoy la lotería».

Se marchó seco el bolsillo de aquel cura tan avaro, que por buscar el tesoro le salió el entierro caro.

Anécdota muy antigua, pasó en la realidad; no es una invención mía, es la más cruda verdad.


Misa del Gallo (y de la otra)


 Misa del Gallo (y de la otra)

Asiste una vez a misa, que este año no has cumplido; si rezas de vez en cuando, serás un mejor marido.

Aprovecha bien la noche para limpiar tus pecados; es la Misa del Gallo y todos son perdonados.

Él no quiere discutir, ya la ayuda a recoger; se va a la Misa del Gallo por complacer a su mujer.

Llegaron tarde a la casa, a las dos de la mañana; su mujer muy satisfecha, él, enfadado en la cama.

No le sale ni palabra, ella se queda perpleja; esperaba el chocolate, ni protesta ni se queja.

No ocurre lo que esperaba ni lo que llegó a pensar; en cuanto tocó la cama, el tío empezó a roncar.

Él se levanta muy tarde, ella se dio mucha prisa; lo primero que pregunta: —¿Qué tal te fue por la misa?

—El cura nos predicó que, aunque parezca mentira, cargamos con una cruz en esta mísera vida.

Yo venía tan contenta, con ganas de estar despierta, pero no me hiciste caso... ¡Como si estuviera muerta!

—Estás algo desfasada y un poco mal de la olla; no quiero Misa del Gallo, ¡quiero misa de la polla!

Solo pasa en los casados y debemos soportarla, y llevarla con alegría, echándosela a la espalda.

Así que, amigos casados, no os amarguéis la existencia: si ella pide "sacramento", ¡tened mucha paciencia!

El Empleado y el Aumento


 

El Empleado y el Aumento

Lleva doce años en la empresa, no le han subido ni un duro; solo con el sueldo base, le espera un negro futuro.

La novia está hasta el moño, no para de protestar: —Con ese mísero sueldo, no nos podemos casar.

—Tienes toda la razón, pero tengo que aguantar; busco otro curro deprisa y es difícil de encontrar.

—Eres un indeciso, nunca encuentras el momento; échale un par de pelotas y pide ya ese aumento.

Al poco lo solicita y recibe esta respuesta: —Llevamos diez años de crisis, no sé si saldremos de esta.

Es una etapa trágica, espera a otra ocasión; a que pase la tormenta y arranque la exportación.

La novia ya le ha dejado, soltero está en el presente; se apaña con lo que gana y vive tan ricamente.

Cuando habla con el jefe, le suelta sus sermones: «Esta es la mejor empresa, pues evita que los empleados... cometan equivocaciones».

El Superroñoso


El Superroñoso

Es un tipo superroñoso, jamás rompe su regla: aquello que se estropea, ni lo compra ni lo arregla.

Se rompe el calentador y le dice a la María: «Si no hay agua caliente, ¡dúchate con agua fría!».

«Si no hay una lavadora, irás como un marrano». —No me toques las narices, que puedes lavar a mano.

Todo lo que se le rompe le importa a él un huevo, y se escapa siempre hablando: «Eso te lo arreglo luego».

Se le quema hasta el timbre y no lo piensa cambiar: «Como yo ya tengo llave, nadie me vendrá a llamar».

Un día olvida la llave y «se jodió la marrana», tiene que buscar la forma de entrar por la ventana.

Se lleva la gran sorpresa, aunque es por la mañana: su mujer con el vecino ¡dándole caña en la cama!

—Ya me explicarás, mujer, lo que aquí está pasando. —¡Se rompió mi cerradura y él me la está arreglando!

—Y no pongas esa cara, ni me vengas con sermones, ¡que este sí que mete mano y no pone condiciones!

Historias de retrovisor



Historias de retrovisor

Con dos años de taxista, aquello era un confesionario. Escuchando mil historias que contaban a diario.

C Si el trayecto era largo, me narraban media vida; presumían de su esposa, presumían de querida.

La mujer también se queja si no está muy satisfecha: "que su marido es un cardo", "que no da ni una a derechas".

La política no falta, es el plato preferido. Lo mejor era callarse o cambiarse de partido.

Sube la que va para misa, que habla siempre de oración, mientras el de atrás maldice la mala circulación.

Sube una en minifalda y se pone allí a llorar; dice que la dejó el novio... la intentas tú consolar.

A otro le dejó la novia y la trata de olvidar; se marcha de "pajarracas" que le puedan consolar.

Seres tan diferentes con tanta información... y por buscar la propina, a todos das la razón.

Hay miles de historias que merecen ser contadas; unas tristes, otras alegres, otras simples chorradas.

Un oficio que recuerdo, da mucho para escribir; no fue el que más me gustó... ¡no soy fan de conducir!

El Diablo lleva sotana


 

El Diablo lleva sotana

Antaño, si una soltera resultaba embarazada, se inventaba una historia para no ser criticada.

El demonio era el culpable, el recurso socorrido, al no conocerse el novio ni tener ella marido

Al preguntarle a la moza, responde muy convencida: «Es obra de Satanás, por él he sido poseída».

«Como sabéis, el Demonio se transforma y se hace dueño de aquello que le apetece... ¡Me preñó durante un sueño!».

Le preguntaron al cura si la historia era verdadera: «El Diablo pudo tentarla, le sucede a cualquiera».

«Su cuerpo es vulnerable y está expuesto al pecado; al no tener antivirus, el Mal lo ha aprovechado».

Es el método que emplea para engendrar sus chiquillos; por eso, cuando son niños, muchos son unos diablillos.

Ella se hizo más devota, ahí se acabó el entuerto: ese ser desconocido fue quien «cargó con el muerto».

Pero surgen las sospechas de tan extraña aventura: hay quien dice por lo bajo... ¡Que el Diablo era el propio cura!

El romance de la novia y el burro


 

El romance de la novia y el burro

Me sorprende una noticia, que me parece de churro: ¡que una mujer, por amor, se ha casado con un burro!

Anuncian muy a menudo que pueden apadrinarse, pero es una gran sorpresa que ahora puedan casarse.

En esta historia de amores hay cosas que no me cuadran: ¿se acostarán en la cama o dormirán en la cuadra?

Otro de los pormenores que no está muy definido: ¿comerá ella la hierba? ¿Él se comerá el cocido?

En lo que no habrá disputa a la hora de montar: ella se subirá encima, él se tendrá que aguantar.

Pero que tenga cuidado con esas zonas tan tiernas; que se ponga un protector y que se abra bien de piernas.

Ella lo pasará bien, él terminará trotando, babeando por el esfuerzo y con el rabo colgando.

En este mundo moderno en que todo va cambiando, comeremos solo alfalfa y el burro saldrá volando.

Como no estamos contentos con seres que son normales, buscamos cualquier estreno... ¡Juntarnos con animales!

Esto no me lo inventé, lo acabo de leer; me lavé bien los ojos, ¡y no lo alcanzo a creer!

La cantera abandonada


 

La cantera abandonada

Una chavala del pueblo por tres pesetas se amaba; incluido en el servicio, el pecho te festejaba.

Parece ahora miseria, pero entonces fue fortuna. Las conseguí yo ahorrando, las perras de una en una.

Al reunir tal tesoro, me sentí muy emocionado: podía probar al fin lo que nunca había catado.

Buscaba un sitio discreto con cama bien preparada, pero nos pudo valer la cantera abandonada.

Allané bien el espacio, preparé aquel rincón; una cama hecha de hierbas, lejos de cualquier mirón.

Todo estaba ya dispuesto para empezar la función, pero al ponerse ella ansiosa, soltó una gran exclamación:

—¡Me dijiste venir solo, que el sitio estaba a la mano! ¡Pero si no estamos solos, esto es un circo romano!

La chica salió corriendo y yo quedé petrificado: no sabía qué pasaba ni cómo se habían enterado.

Se lo conté a un "buen" amigo, y ahí radicó mi pena; él se lo contó a los otros y se nos armó la cadena.

Perdí mis tres pesetas sin concluir la aventura; con burlas de los mirones y, encima, con calentura.

La madre que nos parió


 

La madre que nos parió

Demasiadas elecciones, ya estamos saturados; esto parece una verbena y andamos todos cabreados.

Era la gran panacea para una vida mejor, pero esto no se arregla y cada día está peor.

Se respetaba el resultado, había humilde aceptación; esperabas resignado a la próxima elección.

Bueno es participar, lo tenemos en la mente, pero al que no le gusta, se declara independiente.

Uno le dice al otro: «No tengo necesidad, me las arreglaré solo pues quiero la libertad».

«No puedes mandar en mí, agotaste mi paciencia, has abusado de mi fe, reclamo la independencia».

Y las familias se rompen al no llegar a un acuerdo, sin saber quién es el loco, ni saber quién es el cuerdo.

«Para nada te necesito, solo me puedo arreglar; llamarán a mi puerta y todos querrán entrar».

Y con tantos a mandar, mandas tú y mando yo... ¡No nos va a reconocer ni la madre que nos parió!

El Campanario y el Burro


 

 El Campanario y el Burro

En Todos los Santos era, en el pueblo, una costumbre: tocar de noche campanas y hacer una buena lumbre.

Allí se asaban castañas, también bebíamos vino, algún chorizo después y un poco de buen tocino.

Era tarea de mozos, nos íbamos relevando, así podíamos estar toda la noche tocando.

Pero éramos muy pocos para cumplir con el curro. A uno se le ocurre decir: «¡Esto es tarea de un burro!».

La idea nos pareció un plan extraordinario; lo más difícil sería subirlo hasta el campanario.

Con unos litros de vino, uno aceptó la tarea: fue a buscar al animal y subió por la escalera.

Ya puesto en el campanario, la cosa era complicada: ¿cómo atarle los badajos para que el burro tocara?

Unos decían: «en las patas», otros: «mejor en el rabo», otros que en la cabeza, o bien atarlos al nabo.

Probamos en esos sitios, ninguno dio resultado; el burro no se movía, se quedaba allí parado.

Nos paramos a pensar y se ilumina una mente: «Seguro se mueve el burro con una burra delante».

Corriendo a por la burra fue aquel «iluminado»; la situaron enfrente y eso sí dio resultado.

Atado un badajo a cada uno, ¡la que armamos, madre mía! Tocaron toda la noche la novena sinfonía.

Los difuntos despertaron, no podían descansar; salieron de sus tumbas y se pusieron a bailar.

Eso duró pocos años, hoy el pueblo está casi muerto; ya no doblan las campanas ni resucitan los muertos.

El cura y el mundo moderno


 

El cura y el mundo moderno

Paseando por un parque, un cura desorientado ve cosas que están haciendo que antes eran pecado.

Jóvenes en un banco, besándose sin parar, a plena luz del día... no sabe ni qué pensar.

A cualquier sitio que mire, escenas de amor a tope, nadie pierde ya el tiempo y todos se dan el lote.

Una pareja de abuelos dándose unos achuchones y, cuando nadie los mira, unos leves apretones.

El hombre sigue adelante y sigue investigando: en este mundo moderno todo lo que está cambiando.

Llama mucho su atención una muy despelotada; lleva tan poquita cosa que casi no tapa nada.

Tan ligera va de ropa, casi se ve el "minino", se acerca a ella a decirle: —Hija, vas por mal camino.

No puedes salir así, eso provoca el pecar; tu alma irá al infierno y no te vas a salvar.

—Preocúpese de la suya, que yo salvaré la mía; ¡suélteme doscientos pavos y podrá salvarme el día!

El honor del apellido





 El honor del apellido

Al haber hecho la mili y por apellido contestar, el de Bobo era el mío, superfamoso en el lugar.

Me llaman por mi apellido una tarde al pasear; un recluta con su chica me la quiere presentar.

—Es una prima mía, y como ves, es muy bella. Tú eres Bobo y sin novia... ¿Quieres salir con ella?

Rápido dije que sí, no lo dudé ni un segundo. Parecía la conquista más fácil de todo el mundo.

En la primera cita ya empiezo a sospechar: me busca sitios oscuros y allí me quiere besar.

Estamos en los sesenta, yo sigo de militar; noto algo muy extraño, difícil de asimilar.

No quiere ir nunca al cine porque hay demasiada gente; prefiere irse para el campo, donde todo es diferente.

Estando ya entre los montes, tras de unos matorrales, me dice: —Aquí nadie ve, aliviemos nuestros males.

Me quedé como una estatua, no supe ni reaccionar. Aquel comportamiento lo tenía que investigar.

Ella no era su prima, de parentesco ni un gramo. Mi "amigo" estaba casado... ¡Y ella esperaba un reclamo!

Si me la llego a ligar, habría cambiado mi sino: me encasquetan a la criatura diciendo que es "sietemesino".

Mis amigos no me creen, me siguen tomando el pelo: —Haces honor al apellido, ¡si la tía es un caramelo!—

Pero al saber la verdad, fui por todos felicitado: —Tú seguirás siendo Bobo, ¡pero no eres un atontado!—

La Confusión del Inquilino


 

La Confusión del Inquilino

Yo estaba de patrona, llegaba tarde a dormir. Sin encender la luz, me podía confundir.

En el cuarto de al lado, dormía una chica mona. Yo estaba loco por ella: era la hija de la patrona.

Con todo tan oscuro, saqué esta conclusión: «Yo nunca cierro con llave, esta es mi habitación».

Me desnudo despacito con la luz bien apagada. Al meterme en la cama, noto que está ocupada.

¡Es la hija de los dueños! Está a mi disposición. Ni en sueños imaginé tocar a ese bombón.

Empecé tocando un poco, enseguida ella despierta. Gritando, pide socorro, pone a todo el mundo alerta.

Llegan corriendo los padres, armados con dos cuchillos. Ella histérica chillando, yo, solo en calzoncillos.

El padre está como loco, no atiende ya a razones. Lo que pretende es pillarme y cortarme los cojones.

La madre, más comprensiva, hace razonar al marido: «Mejor dejarlo marchar, que meternos en un lío».

Ante tal situación, opté por lo más sencillo. Cogí pronto la maleta y me fui en calzoncillos.

En un parque me vestí a las tres de la mañana. Me acosté sobre un banco, que me sirvió de cama.

No olvido en la vida confusión tan inocente: ¡pudo costarme un disgusto y ser capado de repente!

El Triste Arte de Morir


 

El Triste Arte de Morir

Sube el índice de vida de toda la población; analizando el motivo, esta es la conclusión:

Si a uno lo incineran, ese no quiere morir. ¡Si quemarse ya le duele, derretirse es un sufrir!

Si lo meten en un nicho, eso fastidia un montón; no hay aire acondicionado ni tienen calefacción.

Antes era "guapo" el muerto, lo enterraban en el suelo; toda la gente lloraba, ¡aquello sí que era un duelo!

No ponían esas flores de los chinos con alambre; ponían jamón y chorizo, para no pasar el hambre.

Unas velas por el día, por la noche lamparillas; por si acaso despertabas y no tenías cerillas.

Si moría la mujer, el hombre no se casaba: un día se iba de fiesta y el resto... ¡Se la lloraba!

La viuda lo recordaba toda de negro enlutada, y al visitar su tumba le echaba una buena meada.

Le decían a la viuda: "¿Por qué viene usted a mear?" "A ver si con el olor, lo logro resucitar".

Ahora es muy triste morir y se deja para otro día; quien no resulta creyente... ¡No sueña con otra vida!

Romance del forastero.


 

Romance del forastero.

Era una moza muy guapa, pero tenía un defecto: retenía mal los gases, no era el cuerpo tan perfecto.

Los mozos de aquel pueblo no la sacan a bailar, si la aprietan un poquito... se le pueden escapar.

En las fiestas de la zona se presentó un forastero, sacó a la moza al tablado, pues no sabía lo del pedo.

Ella acepta encantada y se le va aproximando; como la chica está buena, él la sigue apretando.

Para colmo de desdichas, trae la tripa algo hinchada: el día anterior al baile se pegó una buena fabada.

Bailan los dos en la orilla, ella va disimulando, suelta, vientos muy suaves que no se vayan notando.

El mozo se pone a mil, crecen los apretones, y a ella se le escapa un trueno con un millón de protones.

El baile se disolvió, la gente se fue a su casa, se quedaron ellos solos... ya sabemos lo que pasa.

Él creyó que era perfume de la marca Christian Dior, y la desnudó deprisa para así olerlo mejor.

Así empezó aquel romance de un modo tan inesperado; él confunde las fragancias, por eso ni se ha enterado.

Se casan y son felices, sus defectos ya no cuentan, se saben compaginar y los dos se complementan.

Vendedor de Miel a Domicilio.


 Vendí miel a domicilio, oficio desaparecido. Ahora, recordando aquello, fue la mar de divertido.

—Señora, compre esta miel, es miel de Guadalajara; una de flor de romero, otra de flor de la jara.

Así, de puerta en puerta, ofreciendo mercancía; dándoles miel a probar para endulzarles la vida.

—Señora, chupe despacio, saboree el contenido; esto la pondrá muy dulce cuando regrese el marido.

Se juntaban las vecinas, todas querían probar; como la prueba era gratis, todas querían chupar.

Alguna venta hacía allá de vez en cuando; ganaba poco dinero, solo para ir tirando.

La experiencia fue corta, no me comía dos roscas; pero andaba acompañado por unos miles de moscas.

Pero a alguna conocí que me llegó a insinuar que estaba muy amargada... si la podría endulzar.

La tentación era grande, y más en la soltería; para una vez que pequé, ¡me robaron la mercancía!

El negocio no era bueno, fue una experiencia nueva: la ganancia se perdía entre la cata y la prueba.

lunes, 26 de enero de 2026

El fin de la "manopla

 


El fin de la "manopla"

Desaparecen los cines, es el final de una era; se lleva en su descalabro a la vieja pajillera.

Abrían las salas pronto, diez de la mañana daban, y las amas de pensión de la cama nos echaban.

Muchos chicos de patrona, sin un sitio adonde ir, buscábamos la butaca donde poder hasta dormir.

Allí estaban esas mujeres, solícitas y puntuales, que por unas mil pesetas te remediaban los males.

Al ver a un tipo solitario lo calaban de memoria: joven, solo y con urgencia, sin familia y sin novia.

Se sentaban a tu lado y empezaban a tocar; si te gustaba el meneo lo tenías que pagar.

Ella ponía su precio, tú tirabas a la baja, y si no había trato alguno te quedabas sin la paja.

Era difícil el acuerdo, todas daban la matraca; o te marchabas del cine o cambiabas de butaca.

Dedicadas a ese oficio, eran mujeres cansadas, viejas glorias del pecado y nunca bien jubiladas.

Denunciar era imposible, sería una cosa absurda; nadie te habría hecho caso, solo serviría de burla.

Llegan nuevas diversiones, aquel mundo se extinguió; los jóvenes hoy no saben que aquello un día existió.

Los Chorizos de la Tía María

 


Los Chorizos de la Tía Marí
a

La buena de la tía María, que era una vecina mía, me enseñó los chorizos que en una orza tenía.

Sumergidos en manteca para mantenerlos tiernos, eran joyas del verano sin tocarse en el invierno.

Casada con el tío Juan, como no tenían hijos, se daban el gran lujo de guardar esos chorizos.

Yo soñaba con la orza, no dejaba de pensar: ¿qué método usaría para poderlos trincar?

Estudié bien el terreno muy temprano una mañana, y descubrí que se entraba por una vieja ventana.

Fui dando cuenta de ellos y, para ir disimulando, puse nabos en el fondo mientras me los iba almorzando.

Terminé con la matanza, ¡qué chorizos tan bravos!, que por arte de magia se convirtieron en nabos.

Dijo el cura en un sermón: "Hijos, no debéis pecar, que se ensucia la conciencia y la carne se echa a mal".

Pensó entonces la María, repasando sus pecados: "¡Con razón mis chorizos se han vuelto puros nabos!".

La receta del desánimo


La receta del desánimo

A los de la tercera edad, parece que nos sobran, hay un plan muy siniestro en los planes que se cobran.

Si lo piensan un poco, verán que no es mentira: es una dosis diaria que nos acorta la vida.

Si quieres estar al día y te quieres enterar, te sientas a tomar café... y política al desayunar.

Luego llega la tertulia con tipos enfrentados; no sacas nada en limpio y terminas cabreado.

A la hora de la comida, al encender la televisión: crímenes, robos y estafas, ¡vaya buena ración!

Con el cuerpo ya revuelto, te pones a merendar porciones de un cotilleo que no puedes aguantar.

Es un popurrí variado, sin ninguna novedad, lleno de seres extraños ajenos a nuestra edad.

Cena: política repetida, ni una noticia es buena, así, al irte a la cama, no te sienta bien la cena.

Queremos estar al día, pero vamos retrasados; perdimos ya la sonrisa y vivimos amargados.

Un día por una cosa, otro por el montón... buscan liquidarnos, de un ataque al corazón.

Galán de los Sesenta


 Con sesenta años cumplidos, se acaba de enamorar, y requiere unos retoques para no desentonar.

La muchacha es muy bonita, está buena que revienta; lo cual no es nada extraño: no ha cumplido los treinta.

Se entrega a la cirugía, alguna arruga se quita, y ahora busca adelgazar para bajarse la tripa.

Se apunta pronto al gimnasio, quiere hacer hasta yoga, y renueva el vestuario para ir siempre a la moda.

Con un injerto de pelo y hacerse la manicura, parece un adolescente... ¡una auténtica locura!

Cuando pasea con ella se siente un privilegiado, y al verle sus conocidos lo miran con un cuidado.

—Cariño, voy al gimnasio, ¿tú me podrías ayudar? Dime qué tipo de máquina debería yo utilizar.

—No me importa el aparato, sea negro o sea blanco; para tenerme a tu lado... ¡usa el cajero del banco!

El Aventurero del Monasterio


 

El Aventurero del Monasterio

Es ladrón y aventurero, le gustan las mujeres; estas le quieren mucho, hace muy bien los deberes.

Por esta causa le pillan en cama con una dama; tiene que salir corriendo, escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado. Él ordena su captura y que sea ejecutado.

No sabe dónde esconderse ante tal situación; un monasterio de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; hay dos monjas limpiando, rápido es descubierto.

¿Qué explicación puede dar al encontrarse desnudo? Se hace el gilipollas, el bobo y sordomudo.

Deciden aprovecharlo, se lo llevan a una choza; una queda vigilando, la otra con él goza.

Creen que el hombre no habla, no le piden opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, ya le oprime la presión; un día se queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y lloros dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!


ZUMO Y SAL


Resultado de imagen de antiguas mujeres vendimiadoras de la mancha


Allá por los cincuenta
me hicieron unas putadas,
De esas “simpáticas”
 Que nunca son olvidadas.

Un día en la vendimia,
seis muchachas avanzadas,
Me pillaron como incauto,
y pague la novatada.

Me tumbaron boca arriba,
encima de unos serones,
Me dejaron en pelotas,
esconden mis pantalones.

Unas sujetan mis brazos,
otras sujetan las piernas,
Las otras dos se dedican,
a untarme las zonas tiernas.

Cogieron unos racimos,
 bien que los estrujaron,
Me rebozaron de zumo,
 encima los restregaron.

Después fueron por sal,
 yo allí crucificado,
Los huevos y el chorizo,
los pusieron bien salados.

Un chaval con trece años,
en un territorio hostil,
Llorando desamparado,
no sabía ni que decir.

Allí estaban sus padres, 
me devolvieron la ropa 
Hasta que no me lave,
estuve como una sopa.

Entre risas se lo pasan,
diciendo no pasa nada,
Los chicos el primer día
sufren esta novatada.

No estoy seguro de ello,
allí yo era un emigrante,
Todos me dieron por culo,
por detrás y por delante















































































































Soñar con Imposibles.


 Cuarenta años cumplidos y aún sigues soltera; vas a quedarte muy sola en la vida que te espera.

—No tengo ninguna prisa, he tenido oportunidades; espero al hombre perfecto con todas estas cualidades:

Sobre todo, que no fume, es el primer requisito; así durará más tiempo y morirá viejecito.

Lo segundo, que no beba, así evita la ocasión de que se agarre un buen pedo y se ponga tontorrón.

Lo tercero, que no mienta, que sea un tipo legal; que no se crea superior y me trate como a un igual.

Lo cuarto, que no discuta, que siempre hable despacito; que no se altere por nada y me llame "cariñito".

Que no me engañe con otra aunque tenga la ocasión; que me quiera con el alma y me entregue el corazón.

—Será mejor que despiertes, que te bajes de la higuera; un hombre así no se encuentra, te vas a quedar soltera.

Si esperas a alguien así, no lo vas a conseguir; hace millones de años que ese dejó de existir.


El Frasco de la Discordia


 El Frasco de la Discordia

—Doctor, tengo un problema, hoy diez años de casado; queremos tener un niño, ella no queda en estado.

No sabemos si es por mí, o el fallo es de mi mujer; vengo a que usted me informe qué es lo que tengo que hacer.

—Empezaremos por ti, tratemos de averiguarlo; llena este frasco de semen, tenemos que analizarlo.

El hombre llega a su casa y le dice a su María: —Tengo que llenar el frasco, me llevará varios días.

Se concentró en el trabajo, no obtiene resultado; llena las manos con callos y nada ha solucionado.

Está muy desesperado, ya no sabe qué hacer; con el orgullo por los suelos, pide ayuda a su mujer.

Solícita se presenta esbozando una sonrisa: —Verás cómo entre los dos lo conseguimos deprisa.

Prueban distintas posturas, dan palmadas en el culo; pero la cosa sigue igual: mucho esfuerzo y todo nulo.

Piden ayuda a la suegra, que tiene más experiencia; tras cuatro horas de intentos, todos pierden la paciencia.

Así pasan muchos días, con el grupo ya aburrido; se presenta ante el médico con el frasquito vacío.

—Si no me traes la muestra, no la puedo analizar; llévatelo otra vez, me lo tienes que llenar.

—¡Lo intenté con mi mujer! ¡Le pedí ayuda a mi suegra! ¡Pero el frasco no se abre... es una puñetera mierda!

El médico lo miraba esbozando una sonrisa: ¡Que le ayude la enferma¡terminara más deprisa!

La Princesa y el Sapo.



Una princesa en el bosque, pasea por un sendero, sueña con un príncipe, guapo joven casadero.

Pretendientes, a montones, de los cercanos condados. Todos feos sin modales, viejos y deteriorados.

Ella es una belleza, su tipo de muy buen ver, con muchas ganas de marcha, en edad de merecer.

Mira a su alrededor, en lo que su vista abarca, no hay nadie que la vea, se baña en una charca.

Con solo meter un pie, oye un grito desgarrado, lo levanta asustada, ve un sapo que ha pisado.

Lo recoge con cariño, lo mira toda flipada, puede ser el guapo príncipe, que le prometió su hada.

—En efecto, soy un príncipe, tardarás solo un momento, tócame y bésame mucho, y acaba el encantamiento.

—Olvidaré lo del príncipe, tengo que pensar primero. Si tengo un sapo que habla, ganaré mucho dinero.

Montó un circo en la plaza, con luces y con fanfarria, la princesa se hizo rica, la mujer más necesaria.

El sapo, un poco indignado, pedía siempre su beso, "¡Que te calles!", dijo ella, "¡que nos estamos forrando con eso!"

Ya no busca pretendientes, ni condes, ni herederos, prefiere viajar por el mundo, gastando buenos dineros.

El Marido Caracol.


 —¡Hola, mi querida amiga! Me acabo de enterar que va mal tu matrimonio y te quieres divorciar.

—Estás muy bien informada, lo mío no es un farol: el marido que me toca es igual que un caracol.

—Tus amigas te envidiamos, nos parece un gran bombón. ¿Dinos qué motivos tienes para esa comparación?

—Tarda en llegar a casa, y lo que pide primero es que, como tiene ganas, quiere hacerlo en el suelo.

Le digo: «Ven a la cama, estaré más relajada». Más dice que hay mucho pasillo y que está muy alejada.

Él nunca se despoja, lo hace siempre vestido; si se queda en pelotas, se siente como encogido.

Me tengo que desnudar, no me quita ni las bragas; lo hace todo tan lento... ¡Que me llena de sus babas!

No utiliza las manos, la lengua solo va usando; hasta llegar a besarme, lleva una hora chupando.

El acto dura un montón, termino deshidratada, chupada por todos lados y, además, supersobada.

Y los cuernos que le pongo, desde hace ya muchos años, al pobre le van saliendo de diferentes tamaños.

Sacrilegio Ortográfico


 

Sacrilegio Ortográfico

Tiene una sola hija, que ha sido muy deseada. En ella vuelca su amor y educación esmerada.

Va al colegio de monjas, pues quiere que sea cristiana; virgen hasta el matrimonio para el día de mañana.

Todo marcha sobre ruedas, la madre está muy orgullosa. Al terminar el colegio, empezó a cambiar la cosa.

Lo primero, pide un móvil; está algo desfasada. Desea tener amigos, vivió muy incomunicada.

La madre ya se mosquea, quiere saber lo que hace; para estar siempre al día, le espiaba los mensajes.

Llega lo que se temía a una muy temprana edad, cuando lee en un mensaje: "Perdí mi birginidad".

Se cae de culo al suelo, se agarra de una silla; de la enseñanza esmerada, poco aprendió la chiquilla.

Perder la virginidad... lo tenía casi asumido, pero escribirlo con "B", eso sí que le ha dolido.

El pecado no es la falta, que el mundo es así de cruel, pero es un insulto al alma clavarle un "B" al papel.

Falla el plan de la pureza, falla el sueño de la madre, pero el fallo de ortografía... ¡Ese no hay quien lo taladre!

El Cura Reconstituyente


 El Cura Reconstituyente

Saliendo de misa un día, escuché con sentimiento: «Este cura es un portento, aunque no se le comprenda, siempre rezuma contento».

Me limité a preguntar sobre aquel comentario: si era cosa del domingo o pasaba en el diario.

Y hay que reconocerle el mérito al buen señor: lleva catorce parroquias, ¡menudo trabajador!

Al tener que beber vino cada vez que oficia misa, debe andar muy alegre para darse tanta prisa.

Ya con edad avanzada y sin tener un suplente, utiliza el buen vino como reconstituyente.

Los caminos que recorre los tiene memorizados: conduce por esas rutas hasta con ojos cerrados.

Aunque no hable con fluidez, la gente se lo perdona; le echan la culpa al micro, dicen que no perfecciona.

Entré un día en sacristía, de esos que no dice misa: había cuatro botellas allí, sobre una repisa.

Semidulce de Oporto, una pura tentación... ¡Si yo bebiera ese vino, me atrevo con el sermón!

Esto no es pura ficción ni me lo estoy inventando: fue en el pueblo de mi mujer, donde estaba veraneando.

El ligue inesperado


 El ligue inesperado

Necesita el pobre un ligue que le alivie la jaqueca; el lugar más apropiado: buscarlo en la discoteca.

Chicas de todos colores en un estupendo ambiente; se fija en una rubia que tiene algo diferente.

La invita a un pelotazo, ella acepta encantada; el muchacho es estupendo y con muy buena fachada.

Tomados ya unos cuantos, él le susurra a la nena: —¿Podemos ir a tu casa y comenzar la faena?

—Ninguna pega por mi parte, estoy siempre dispuesta; además, no dormiré aunque eche una buena siesta.

—Me prepararé en el baño, pondré luz de verbena; quiero estar superguapa y, además, untarme crema.

Él ve sobre la mesilla una foto impresionante: es la de un tío moreno, vestido muy elegante.

—No me tomes por cotilla ni censures lo que miro, pero esa foto de frente... ¿Es tu novio o tu marido?

—De ninguno de los dos, esa es una foto mía; fue de antes de operarme... ¡De la cintura hacia arriba!

Así que date la vuelta y verás lo que es bueno; conocerás el amor en una noche sin freno.


C

El Aventurero y el Monasterio


 

El Aventurero y el Monasterio

Es ladrón y aventurero, le fascinan las mujeres; ellas mucho le quieren, pues cumple con sus deberes.

Por tal causa lo pillan en cama con una dama. Tiene que salir corriendo; escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado, quien ordena su captura para que sea ejecutado.

Sin saber dónde esconderse ante tal situación, en un convento de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; por dos monjas que limpiaban, al punto fue descubierto.

¿Qué explicación daría al encontrarse desnudo? Se hace el "gilipollas", el bobo y el sordomudo.

Deciden aprovecharlo, lo llevan a una choza; una queda vigilando, mientras la otra con él goza.

Creyendo que nada entiende, no piden su opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, bajo tanta presión, hasta que un día queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y llantos dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!