La Confusión del Inquilino
Yo estaba de patrona, llegaba tarde a dormir. Sin encender la luz, me podía confundir.
En el cuarto de al lado, dormía una chica mona. Yo estaba loco por ella: era la hija de la patrona.
Con todo tan oscuro, saqué esta conclusión: «Yo nunca cierro con llave, esta es mi habitación».
Me desnudo despacito con la luz bien apagada. Al meterme en la cama, noto que está ocupada.
¡Es la hija de los dueños! Está a mi disposición. Ni en sueños imaginé tocar a ese bombón.
Empecé tocando un poco, enseguida ella despierta. Gritando, pide socorro, pone a todo el mundo alerta.
Llegan corriendo los padres, armados con dos cuchillos. Ella histérica chillando, yo, solo en calzoncillos.
El padre está como loco, no atiende ya a razones. Lo que pretende es pillarme y cortarme los cojones.
La madre, más comprensiva, hace razonar al marido: «Mejor dejarlo marchar, que meternos en un lío».
Ante tal situación, opté por lo más sencillo. Cogí pronto la maleta y me fui en calzoncillos.
En un parque me vestí a las tres de la mañana. Me acosté sobre un banco, que me sirvió de cama.
No olvido en la vida confusión tan inocente: ¡pudo costarme un disgusto y ser capado de repente!

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