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martes, 27 de enero de 2026

El Triste Arte de Morir


 

El Triste Arte de Morir

Sube el índice de vida de toda la población; analizando el motivo, esta es la conclusión:

Si a uno lo incineran, ese no quiere morir. ¡Si quemarse ya le duele, derretirse es un sufrir!

Si lo meten en un nicho, eso fastidia un montón; no hay aire acondicionado ni tienen calefacción.

Antes era "guapo" el muerto, lo enterraban en el suelo; toda la gente lloraba, ¡aquello sí que era un duelo!

No ponían esas flores de los chinos con alambre; ponían jamón y chorizo, para no pasar el hambre.

Unas velas por el día, por la noche lamparillas; por si acaso despertabas y no tenías cerillas.

Si moría la mujer, el hombre no se casaba: un día se iba de fiesta y el resto... ¡Se la lloraba!

La viuda lo recordaba toda de negro enlutada, y al visitar su tumba le echaba una buena meada.

Le decían a la viuda: "¿Por qué viene usted a mear?" "A ver si con el olor, lo logro resucitar".

Ahora es muy triste morir y se deja para otro día; quien no resulta creyente... ¡No sueña con otra vida!

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