Romance del forastero.
Era una moza muy guapa, pero tenía un defecto: retenía mal los gases, no era el cuerpo tan perfecto.
Los mozos de aquel pueblo no la sacan a bailar, si la aprietan un poquito... se le pueden escapar.
En las fiestas de la zona se presentó un forastero, sacó a la moza al tablado, pues no sabía lo del pedo.
Ella acepta encantada y se le va aproximando; como la chica está buena, él la sigue apretando.
Para colmo de desdichas, trae la tripa algo hinchada: el día anterior al baile se pegó una buena fabada.
Bailan los dos en la orilla, ella va disimulando, suelta, vientos muy suaves que no se vayan notando.
El mozo se pone a mil, crecen los apretones, y a ella se le escapa un trueno con un millón de protones.
El baile se disolvió, la gente se fue a su casa, se quedaron ellos solos... ya sabemos lo que pasa.
Él creyó que era perfume de la marca Christian Dior, y la desnudó deprisa para así olerlo mejor.
Así empezó aquel romance de un modo tan inesperado; él confunde las fragancias, por eso ni se ha enterado.
Se casan y son felices, sus defectos ya no cuentan, se saben compaginar y los dos se complementan.

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