Memoria de una infancia
Un día en mi niñez, la época que viví. Intentando recordarlo, más o menos era así:
—¡Levántate, perezoso, tienes sopa en la cazuela! Lávate un poco la cara y marcha para la escuela.
Cuidado con los zapatos, en la calle hay mucho barro. No vayas pisando charcos, procura no venir guarro.
Nunca olvidaba los libros, pues solo tenía uno. Cargando con la pizarra, no hacía falta ninguno.
En la escuela, un revuelto, todas pobres criaturas. Con muy pocas atenciones y ninguna asignatura.
El recreo en plena calle, a tomar un poco el sol, incluida la canción de cantar el Cara al Sol.
Nada de ayuda de abuelos, eran casi analfabetos; tenían que trabajar con un ejército de nietos.
Pocos eran los deberes, pero sí muchos recados: coger nabos en el huerto o segar hierba en el prado.
A veces ir con las vacas, otras con las ovejas. Ayudar a los padres... esos no admitían quejas.
Hoy sería esclavitud, entonces era trabajo. Pero uno era muy feliz cenando sopas de ajo.

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